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Sección: Estado de Veracruz

Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (II)

- La falta de congruencia política, la simulación y el engaño público han alcanzado proporciones alarmantes

- La “honestidad” ya es moneda de cambio para proteger a leales y extorsionar a “desleales”

- Donde el discurso se convierte en prioridad, la gestión ejecutiva y los resultados verificables “no son relevantes”

Vctor A. Arredondo 17/01/2024

alcalorpolitico.com

Hoy en día, es común escuchar entre la clase política y quienes ejercen el poder público que su gestión ha producido “resultados históricos”: más escuelas, hospitales, medicinas, carreteras, votos, empleos, infraestructura hidráulica, áreas recién arboladas o miles de hectáreas de campo productivo; es decir, “resultados nunca antes vistos”. Esto es un ejemplo del discurso sin sustento, en el que el funcionario o representante popular puede ofrecer, sin consecuencia alguna, sus propios datos sin constancia de validación, confiabilidad o verificación externa. Ese ámbito de discrecionalidad en el manejo de la información pública necesita un medio opaco para funcionar; esto es, que no haya fórmulas y procesos socialmente consensuados, rendición de cuentas, verificación y, mucho menos, organismos descentralizados del gobierno, especializados en distintas áreas del quehacer público, que ofrezcan garantía de validez de los datos reportados.

El argumento ofrecido públicamente es que tales organismos son muy costosos presupuestalmente. Aun aceptando que su operación pueda ser más eficiente y transparente, el análisis de fondo debe centrarse en el costo-beneficio social que ofrecen. ¿La diversidad y complejidad de nuestro país puede prescindir de la necesaria inversión social y autonomía de ese tipo de organismos?. ¿Es preferible por razones presupuestales, suponiendo que esa sea la verdadera razón, la opacidad del estado mexicano que vivimos a lo largo de la etapa del monopolio partidista?. ¿No hay evidencias para suponer que son otras las razones detrás de su pretendida desaparición?. ¿Estamos dispuestos a que México regrese a los tiempos en que el Poder Ejecutivo tenía un absoluto control del Poder Legislativo y Judicial o que fuera el responsable de los asuntos electorales?. ¿Es aceptable que cualquier persona, “siempre y cuando sea leal al poder ejecutivo unipersonal” puede encargarse de tareas que requieren preparación, experiencia y formación ética?. ¿Quién de nosotros está dispuesto a que el cirujano encargado de nuestra operación, el piloto de nuestro próximo vuelo o el chofer del autobús sea designado por votación mayoritaria del “pueblo bueno”, como ahora se pretende para la designación de magistrados y otros cargos de responsabilidad pública?

En el fondo de estos dilemas prevalece el argumento de que cualquiera puede encargarse de cualquier labor en el sector público; lo que, por desgracia, esto se ha generalizado en la designación de los actuales cargos y encomiendas del poder público. Lo anterior se agrava porque el atributo de 90 por ciento de “honestidad” ha sido intercambiable por el de “lealtad al líder”. En un modelo político obsoleto, centralizado en una sola persona, el atributo de “la lealtad” es crucial; dado que no se reconoce la necesidad del talento especializado y el liderazgo distribuido en cada área de decisión. He ahí la razón de tantos relevos en los cargos importantes del actual gobierno. La lealtad a los designios del líder es inquebrantable, él es el gran decisor en todos los temas. Como nunca antes en la historia moderna de México, una sola persona ha impuesto tantos ministros, funcionarios y candidatos a la presidencia, gobernaturas, presidencias municipales y representaciones populares sin el consenso requerido. Y en esas imposiciones queda la interrogante sobre el criterio de honestidad: es evidente que varios de ellos no lo cumplen y que son impunes ante la ley. En cambio, abundan los casos de “desleales al régimen” que son objeto de extorsión por deshonestos. Se trata de una escandalosa aplicación selectiva de la ley.



Y hablando de otros encargos presidenciales, desde que México superó los gobiernos militares, a mitad del siglo pasado, para transitar hacia los gobiernos civiles, ningún presidente había recurrido al Ejército mexicano, como ahora sucede, para realizar labores civiles. El argumento esgrimido es que, con ello, se abaratan obras y se asegura calidad constructiva y del servicio, tiempos aceptables de conclusión y transparencia. Aun cuando eso será objeto de escrutinio público, la gran interrogante es: ¿por qué no se estableció, a los millares de empresas y organizaciones civiles existentes, el cumplimiento de los mismos criterios? Hay que recordar que la capacidad mexicana, tanto constructiva como de provisión de servicios, ha logrado reconocimiento internacional, con todo y las fallas técnicas y corruptelas que conocemos en varios casos. El asunto crucial es si el gobierno puede continuar esa política de desaliento a nuestras propias empresas y organizaciones, dejando al Ejército mexicano, que todavía cuenta con aval social, como responsable de la construcción de carreteras, bancos, aeropuertos, puertos, vías de ferrocarril, la gestión aduanal-migratoria, la transportación aérea y terrestre, así como la administración aérea y hotelera. Es entendible la preocupación generalizada de que, al dedicarse a esas labores civiles, el Ejército esté descuidando sus verdaderas encomiendas constitucionales y que esté abriendo brechas de opacidad que pongan en peligro su credibilidad y aceptación social.

En resumen, el reciente resurgimiento en nuestro país de una autoridad unipersonal, por encima de lo tres poderes, que no practica el consenso democrático ni reconoce la importancia estratégica de los órganos autónomos, que decide cargos, encomiendas y proyectos sin consideración a leyes, áreas expertas ni acuerdos, es contraria a lo que nos ilustra la historia de la humanidad. Las civilizaciones milenarias complejas, como fue el caso en Mesoamérica y en otras regiones del mundo, supieron transitar de modelos autoritarios hacia la distribución de especialidades, decisiones y labores a partir del conocimiento y el talento. Fue así como lograron ofrecer calidad de vida a sus miembros y deslumbrar al mundo por sus aportes transgeneracionales.


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Artículos de esta serie:
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (XII)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (XI)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (X)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (IX)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (VIII)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (VII)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (VI)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (V)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (IV)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (III)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (II)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (I)