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Sección: Estado de Veracruz

Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (V)

- La proclividad por la confrontación y promesas incumplidas del actual gobierno deterioraron su credibilidad

- Sus resultados no dieron para que AMLO lograra estar al lado de los grandes héroes nacionales

- Tampoco para ubicar su movimiento al nivel de la Independencia, Reforma, Revolución o el Cardenismo

Vctor A. Arredondo 29/01/2024

alcalorpolitico.com

La premisa del actual gobierno “primero los pobres” puso en el lugar merecido de la agenda nacional algo ineludible, el combate a la marginación social. Lo mismo sucedió con su promesa de que los recursos para eliminarla provendrían de la “erradicación de la corrupción” y del “ejercicio austero del gasto público”; lo que generó una gran expectativa social. Uno de los primeros casos que se presentó a la opinión pública sobre la corrupción desmedida del gobierno “peñista” fue la construcción del aeropuerto de Texcoco; pero no se conocieron denuncias ni acciones correctivas, ni de aplicación de la ley a los culpables. A cambio de ello, el presidente abandonó la cuantiosa inversión ya realizada ahí (una tercera parte del total), pagando además las enormes obligaciones financieras de ese megaproyecto e invirtiendo en un aeropuerto alternativo. Esto es, en lugar de corregir las anomalías, aplicar la ley a los responsables y asegurarse de la adecuada culminación del primer aeropuerto que funcionaría como nodo regional mexicano de transporte aéreo en América del Norte (Hub), prefirió el alto e inaceptable costo de enterrarlo y de construir otro “que distinguiría a su gobierno”.

Fue un temprano mensaje sobre la manera unipersonal en que se habría de ejercer el poder y el gasto público. Y dado que el segundo aeropuerto debía construirse en los tiempos, condiciones y costos establecidos, el constructor idóneo resultó ser el Ejército mexicano. Esto abrió la puerta para la múltiple asignación de grandes obras y empresas públicas a una institución fiel a su supremo comandante, que además se beneficiaría de la no rendición de cuentas públicas, “dada su importancia para la seguridad nacional”. Conforme se fueron agregando casos de abusos de autoridad y del gasto público, varios de ellos con propósitos electoreros, un segmento importante de la ciudadanía mexicana, que está informada y aplica sus juicios de valor de manera independiente, empezó a dudar del discurso oficial. A esos mexicanos se les acusó de “conservadores”; pero, la base social de rechazo al discurso oficial se iría ampliando por el ataque a los organismos autónomos (que representan un contrapeso para el poder unipersonal presidencial); y cuando empezaron a aflorar graves retrocesos en temas claves de la vida nacional.

Ahora bien, uno de los asuntos en que el actual gobierno sí tuvo avances es el de la disminución de los índices de pobreza, gracias a la ampliación de los programas sociales (que en esencia consistieron en la entrega de dinero), a políticas de incremento salarial para las clases trabajadoras y a la promoción de una mayor aportación de los empleadores al rubro de pensiones de sus asalariados. En conjunto, tales medidas de “gestión pública”, permitieron que México rompiera el techo del 40% de pobres para reducirlo al 36%, lo que significó alrededor de 9 millones de personas menos en pobreza, quedando en 46.8 millones de pobres (CONEVAL, agosto, 2023). Aunque dicho logro es digno de encomio, no es lo que México debe aspirar en materia de igualdad social; tampoco cumple con la expectativa original del propio gobierno. Recordemos que el presidente Lula, redujo en 30 millones el número de pobres en Brasil con su programa “Ningún brasileño pasará hambre”, ampliando la base de la clase media mediante una bonanza económica emergente y nuevos empleos mejor pagados. Esto es, en Brasil se recurrió a “políticas integrales” que no sólo incorporaron programas asistenciales sino de seguridad alimentaria, fomento a la inversión, educación, salud, y capacitación para los nuevos empleos.



Al analizar a detalle los mismos datos del CONEVAL, llama la atención que, a pesar de la reducción absoluta y relativa de las personas en pobreza de los últimos años, las personas vulnerables por carencias sociales aumentaron en el mismo periodo, de 30 a 38 millones (ocho millones más). Esto significa que, aunque recibieron más ingresos (por vía de los programas sociales y/o mejores salarios y pensiones), los mayores costos de los alimentos y servicios de salud, educación, vivienda, etc., los ha hecho más vulnerables. Esto es consecuencia de la inflación y de que el gobierno reparte una porción relevante del dinero de los programas sociales a expensas de la inversión y el gasto público en dichos renglones estratégicos, lo que traslada el costo de esos servicios básicos a los ciudadanos. Es decir, estamos hablando de una política equivocada que desatiende áreas esenciales para la promoción social, a cambio de programas clientelares. Tal error, sería equivalente a que los padres de familia dejen de invertir en la educación, salud y alimentación de sus hijos para repartirles dinero con la finalidad de que ellos se hagan cargo de sus propios gastos. Es conocido que los padres de familia deben cubrir cuotas extraordinarias (para el pago de maestros temporales porque las nuevas plazas se asignan a una amplia gama de “colaboradores del movimiento político” que no cumplen labores en el aula); o que deben pagar por uniformes y materiales escolares. Ya se ha comentado antes el caso de los gastos familiares injustificados en el sistema de salud pública; mientras que el alza de los precios de los alimentos básicos continúa con la espiral inflacionaria, lo que se complica aún más por la ineficacia de Segalmex y sus escandalosos casos de corrupción, o por la inoperancia de los programas públicos de fomento agropecuario.

El asunto de fondo es que existen un conjunto de políticas públicas que se han aplicado con un criterio político electorero, sin atender su implicación en la gestión e impacto social desfavorable. Y es ahí cuando resulta contraproducente la imposición unipersonal del Ejecutivo en áreas que deben basar sus decisiones en el talento especializado y en la experiencia. Son del conocimiento público los casos en que los responsables directos del correcto funcionamiento y ejercicio presupuestal de diversas áreas del Ejecutivo han expresado su discordancia ante decisiones fallidas del Presidente; y que luego son acusados de “neoliberales” y retirados de su cargo. La visión y el discurso cortoplacista orientado al aplauso cotidiano de la tribuna mañanera parece haberse convertido en el entorno “inspirador” de las decisiones presidenciales. Ahí se reduce de manera simplista al México de hoy; ahí afloran resentimientos y complejos que dividen a nuestra sociedad; ahí se dispone unipersonalmente la vida nacional, como si se fuera dueño del país; ahí se multiplican a diario las excusas, las nuevas promesas y las ficciones. Para quienes le entregamos nuestro voto, ahí queda grabado el dramático recuento histórico de un Presidente que dedicó vastos recursos públicos a fomentar el culto a su imagen y a victimizarse; que tuvo la osadía de auto presentarse como héroe nacional al nivel de Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Francisco Madero, Lázaro Cárdenas; y que se autodenominó líder de un movimiento histórico similar al de nuestras grandes gestas libertarias. Ahí desperdició su legitimidad social ganada electoralmente y la oportunidad de convertirse en un auténtico estadista de trascendencia generacional.

Este asunto, como el de otras presidencias fallidas en nuestro país, no significaría más que darle la vuelta a la página de la historia y empezar de nuevo. El gran problema que enfrentamos con el actual Presidente es que no sólo se esfuerza por imponer a su anunciada candidata desde hace años, por el medio que sea, sino que también busca maniatarla con una agenda de gobierno impuesta; con una aspirante para la ciudad de México con quien busca el control político de la capital del país y que no es afín a Claudia Sheinbaum; con la pretensión de un paquete de medidas legislativas retrógradas; con un proceso intermedio de "revocación de mandato”; con un Ejército “agradecido”; con un grupo de alfiles beligerantes, éticamente impugnables, incrustados en el poder Legislativo, Judicial y Ejecutivo de los tres niveles de gobierno, listos para seguir sus consignas. No es otra cosa más que la evidencia irrefutable de su ambición por “continuar controlando” la vida pública de México, por más que lo niegue; lo que es absolutamente incongruente con su pretendido “discurso “demócrata” y contrario a nuestra Constitución.



Ahora corresponde a la ciudadanía analizar el contenido ideológico y la esencia real de la “Cuarta Transformación”: aquella que, aunque ha detenido la privatización del sector energético, aún muestra concesiones controvertibles con el gran capital en otros sectores estratégicos; aquella que promueve la polarización social, el resentimiento, el victimismo y que nos ofrece regresar a gobiernos autoritarios sin organismos de representación colegiada que sean contrapesos del poder unipersonal presidencial; aquella que gobierna con familias selectas a las que se les reparten puestos públicos y concesiones; aquella que concede espacios crecientes a la delincuencia; aquella que busca controlar las elecciones y militarizar la vida nacional para asegurar su prevalencia; aquella que impone al pueblo, desde la presidencia, candidaturas en todo el país; aquella que sigue priorizando políticas y proyectos que van en sentido contrario a la sustentabilidad del planeta; aquella que ha sido incapaz de ofrecer resultados gubernamentales contundentes y verificables para transitar firmemente hacia un México más justo, en armonía social y con mayor bienestar para todos.


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Artículos de esta serie:
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (XII)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (XI)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (X)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (IX)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (VIII)
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Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (VI)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (V)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (IV)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (III)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (II)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (I)