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Sección: Estado de Veracruz

Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (XI)

- La actual imposición presidencial de candidaturas en todo el país no tiene comparación en el México moderno

- Eso fue posible porque AMLO se autopromovió como líder de un “movimiento transexenal”

- La realidad es que el poder lo ejercerán quienes ganen con legitimidad las próximas elecciones

Vctor A. Arredondo 19/02/2024

alcalorpolitico.com

Mucho se dilucidó sobre las intenciones reales de AMLO, una vez que ocupara Palacio Nacional para legalizar la reelección en el Poder Ejecutivo. Hay quienes sostienen que, al desaparecer el lema “sufragio efectivo, no reelección” de todo documento oficial y permitir o fomentar iniciativas de ley que buscaron, sin éxito, ampliar el periodo de gobernador en Baja California (Ley Bonilla) y de la presidencia en la Suprema Corte de Justicia (Ley Zaldívar), estaba preparando el terreno para la reelección presidencial. También hay quienes no encuentran fundamentos razonables que sostengan esa conclusión. Sin embargo, donde no hay duda, es que tanto su promoción personal como la de sus fieles seguidores fue encaminada a que se le identificara como líder de un “movimiento transexenal”. Esa prerrogativa le permitió obtener soporte económico en efectivo que le permitió vivir, tal y como él lo presume, “sin cuentas de banco ni tarjetas de crédito cerca de 30 años”. Desde fines del 2011, cuando su movimiento fue convertido en partido, debió acotar sus acciones conforme a las leyes electorales, aunque mantuvo hasta ahora su “derecho” de decidir personalmente la designación de candidatos de MORENA en todo el territorio nacional, sin consensos de por medio.

Tal privilegio auto asignado lo ha mantenido como presidente de la república, aun cuando su alto cargo conlleve la representación y protección de los derechos de todos los mexicanos y la responsabilidad de cumplir y hacer cumplir nuestra Constitución. La designación de candidatos desde la presidencia, que le correspondería a los órganos internos de Morena (o también de Movimiento Ciudadano en el caso de la fugaz candidatura de Samuel García), no tiene comparación en la historia moderna de México. Con un añadido que agrava esa anomalía: el signo que distingue a la mayoría de sus candidatos no es su capacidad y probidad demostrada, sino su “lealtad al señor”. ¿Ese fue el atributo principal que vio AMLO en su preferencia por Claudia Sheinbaum en lugar de Marcelo Ebrard? No se puede olvidar la denuncia de este último sobre la cargada oficial en todo el país para favorecer las encuestas a favor de la primera, a la que se sumaron recursos públicos, y los “siervos de la nación” financiados por la Secretaría del Bienestar.

Si una cosa sabe muy bien Claudia Sheinbaum es que su candidatura a la presidencia se la debe a López Obrador. ¿Esa es otra de las aristas que acotarían su capacidad de conducción y maniobra en el caso de ganar la presidencia? Si AMLO tenía a la mano otras candidaturas factibles en su partido, ¿se inclinó por ella para continuar ejerciendo el control político en el país? Aunque esa pretensión no encaje en una reelección formal, si agregamos los controles que le hereda para acotar su gestión (plan de gobierno, iniciativas legislativas, miembros del gabinete, candidaturas en todo el país, revocación de mandato, ejército agradecido, grupos beligerantes de presión, etcétera), entonces, sí se puede hablar de una reelección “de facto”.



Ya sabemos que, en su discurso, AMLO insiste que se va a retirar de la actividad pública para irse a vivir a su rancho; pero también sabemos que una cosa es lo que dice y otra cosa son sus maniobras políticas manifiestas. Lo mismo sucede con Movimiento Ciudadano, partido que se auto describe como “promotor de una política moderna” y que, aunque ocasionalmente critica a AMLO o a MORENA, en la realidad, ha servido de manera fiel, reiterada y evidente, a que el partido en el poder logre sus objetivos electorales. Y ¿qué decir de los ex gobernadores priistas que cedieron la plaza de sus estados, a cambio de impunidad? La suma de todos estos factores nos indica que persiste la manera turbia de hacer política en nuestro país, a pesar de las promesas de AMLO de “barrer de arriba hacia abajo”, de “combatir la mafia en el poder”, de “regenerar moralmente” la vida nacional y la política. Por lo que se observa, ¿estamos presenciando la intentona de recambio de una mafia del poder a otra? Eso lo dilucidarán los electores en las próximas elecciones, porque no sólo está en riesgo nuestra democracia, también el que, de una vez por todas, México transite hacia una sociedad justa, fuerte, limpia.

En la contienda electoral que viene en la mayoría de los rincones del país, la ciudadanía debe ser la protagonista y no el gobierno federal o los estatales ni los poderes fácticos (incluyendo a la delincuencia que ya encontró la manera de crecer, invirtiendo en la política). Se tratará de hacer realidad el lema “sufragio efectivo, no reelección”, de reconocer y apoyar a los verdaderos liderazgos locales, de rechazar las candidaturas impuestas desde la presidencia, de subrayar las consecuencias de tener un gobierno que no cree en nuestras leyes, instituciones ni en el avance democrático; que deterioró áreas fundamentales como la educación, la salud, el desarrollo científico, el empleo, el fomento al campo y la alimentación popular; que cedió control territorial a la delincuencia; que privilegió la confrontación social en lugar de la concordia y la convocatoria a toda la sociedad; que combatió o menospreció a los entes autónomos; que devaluó la gestión pública y a los servidores públicos; y que pretende que México regrese a un gobierno autoritario respaldado con las armas del ejército, sin contrapesos; esto es, a los tiempos del partido único que el país ya superó, gracias a la apertura y consolidación democrática que iniciamos los mexicanos hace treinta años.

En esencia, las próximas elecciones consistirán en un referendo sobre el tipo de país que deseamos seguir construyendo para abatir la marginación social. ¿Deseamos hacerlo con educación, salud, alimentación de calidad para todos y empleos dignos y ocupaciones vivificantes? O ¿preferimos la mediocridad del servicio público a cambio de limosnas para la población marginada? ¿Deseamos construir una nación que empodere a su población para que sea la dueña de su destino a partir del conocimiento, la autoestima y la autoeficacia? ¿O continuamos buscando la aprobación de la gente necesitada con repartición de dinero y sin perspectivas de un futuro promisorio? ¿Votaremos por un gobierno que cumpla sus compromisos o por uno de promesas incumplidas? Esto es, ¿votaremos por candidatos respaldados por su trayectoria limpia y resultados probados, en lugar de improvisados e incompetentes, cuya única “virtud” es la fe y obediencia ciega a un líder que pronto concluirá su encomienda sexenal, que ya tuvo la oportunidad de servir a la nación, y que la historia se encargará de hacer el balance definitivo de su paso por la presidencia.



En las elecciones de nuestro Estado, los veracruzanos nos enfrentaremos a una candidata para gobernadora, Rocío Nahle, elegida por el presidente hace más de dos años. Quien ha sido respaldada, fuera de la ley, por Cuitláhuac García, un fiel e irrestricto servidor, no de Veracruz, sino de AMLO. Veracruz ha atestiguado los disparates que ha hecho quien, en teoría, nos representa: llevando ataúdes amenazantes a la Suprema Corte de la Nación, haciendo declaraciones inverosímiles para una autoridad pública, descuidando el desarrollo del Estado, comportándose como pseudo líder de una fracción política beligerante, y apoyando sin reparo y con recursos públicos las candidaturas de AMLO. Lo hemos atestiguado desde el 2021, en bardas, camiones de transporte público, mítines, boletines y en transmisiones de radio y televisión. Lo que no se han dado cuenta quienes se encubren en su “líder transexenal” es que pronto concluirá su periodo constitucional y que, en efecto, se tendrá que ir a su rancho; por lo que deberán prepararse para rendir cuentas. Nuestra Constitución establece tiempos de entrega-recepción; y pronto aprenderán algunos políticos y funcionarios improvisados que no hay vida eterna en el servicio público y que hay consecuencias por el abuso en el poder; sobre todo, si se exponen a llevar a cabo, de manera ilegal, una “elección de estado”. Esto es, una elección que con todos los recursos del poder público busque alterar o inducir el voto ciudadano a su favor.


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Artículos de esta serie:
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (XII)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (XI)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (X)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (IX)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (VIII)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (VII)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (VI)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (V)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (IV)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (III)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (II)
Discurso Político, Gestión Pública y Resultados Gubernamentales: Dilemas y Contradicciones (I)