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Columnas y artículos de opinión
Diario de un reportero
Por fin se dieron cuenta
Miguel Molina
22 de octubre de 2026
alcalorpolitico.com
            Lejos de solucionar la crisis del sector salud, las reacciones de quienes mandan evidenciaron la confusión y el desarreglo que hay en el gobierno. Las recientes declaraciones de la presidenta Claudia Sheibaum dijeron mucho: Hay demandas legítimas que deben ser atendidas, pero también hay una campaña de "los de siempre" para hacer de esto una cosa muy grande. Y pocos días después, lentamente, se dio cuenta de que todo lo que decían sobre el precario sistema responsable de la salud del pueblo mexicano era verdad: hay corrupción y faltan medicamentos y doctores.
            Las declaraciones de la gobernadora de Veracruz desmienten a la presidenta. Según la señora Nahle, no hay desabasto en los hospitales del estado, aunque está documentado que las farmacias recibían medicamentos uno o dos días antes de su visita a las clínicas.
            La gobernadora llegaba, se tomaba fotos con los anaqueles llenos de cajas – no se sabe si en verdad había algo dentro de las cajas – decía que todo va bien, y se iba por donde había venido. Las cajas, vacías o llenas, se iban poco después. Cuando se descubrió el engaño, Nahle recurrió a su truco favorito: decir que lo evidente era mentira. La señora se engaña o la engañan, pero todo está documentado, y hay testigos de lo que pasó.

            No hay disculpas
            La crisis de medicamentos y equipo hospitalario no se acaba con las declaraciones de la presidenta. Hay funcionarios que tienen que responder por todo lo que pasó y pasa, y por las muertes que causaron su irresponsabilidad o su incompetencia, porque llevan años en sus cargos y no han podido solucionar las carencias del sistema de salud. No basta con decir que todo está mal.

            Todo está mal porque hubo quienes permitieron con su negligencia que todo estuviera mal, o porque son tan inútiles que no se dieron cuenta de la situación. Hasta el momento, la presidenta se ha limitado a hacer declaraciones vagas sin fincar responsabilidades, y la gobernadora de Veracruz no ha hecho ni siquiera eso, como si el problema se hubiera originado por alguna razón inexplicable.
            Lo que tampoco hay son disculpas. La presidenta y la gobernadora pasaron meses difamando e insultando a quienes denunciaban lo que ahora es evidente, y tendrían que pedir disculpas públicas a los mexicanos todos, sobre todo a quienes fueron blanco de sus descalificaciones, porque la gente decente pide disculpas cuando descubre que estaba equivocada.
            Las señoras tampoco han pedido disculpas al personal despedido por protestar, ni a los pacientes ni a las familias de los pacientes que no recibieron ni reciben – y quién sabe si recibirán – las medicinas que necesitan: las medicinas aparecieron cuando la presidenta y la gobernadora anunciaron que visitarían clínicas y hospitales...
            Mentiras, contradicciones, autoelogios, arrogancia, impotencia política, improvisación, difamaciones y descalificaciones, marcan la manera de gobernar en los tiempos de la cuarta transformación. A ver quién puede sentirse orgulloso de eso.

            Desde el balcón

            Uno sale y siente el golpe del frío. Llegó el otoño después de meses de solazos y calorones. Pero hay niños en la calle, y la gente pasea como si no soplara un viento helado. Uno recuerda lo que pasó hace trece años, cuando el Comité de las Naciones Unidas contra las Desapariciones Forzadas interrogó a un grupo de funcionarios mexicanos y expresó preocupación ante lo que vivía México entonces. Era claro que había que hacer algo, y que era urgente que se hiciera.
            Uno estuvo en esa sesión en el Palacio Wilson de Ginebra. Uno oyó las preguntas que hicieron los expertos y las respuestas que dieron los funcionarios del gobierno mexicano. Al final todo estaba más o menos bien, había avances, se estaban organizando comités, listas, investigaciones. Ya se vería después. Que les fuera bien, que tuvieran buen viaje. Pero los integrantes del comité se quedaron preocupados.
            Pasó el tiempo. Hubo otras reuniones con más preguntas y con menos respuestas. En abril de este año, el comité pidió que la Asamblea General de la ONU discutiera el caso de México en Nueva York. Esta semana presentó su reporte y volvió a pedir la intervención de la Asamblea General. Al parecer, el caso de México ya está en la agenda de la Asamblea General, y solamente falta acordar fechas y modos del debate.
            Uno alza la copa de malta y mira el cielo alto y bebe, y no puede dejar de pensar en los miles, las decenas de miles, en los ciento treinta y cuatro mil que no aparecen. Y tirita con el viento frío y la idea de tantos. Uno bebe otro sorbo.

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