27 de agosto de 2026
alcalorpolitico.com
Bastó una semana para que se viera la fragilidad política de la cuarta transformación. La crisis que causó la acusación de Estados Unidos al exgobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya sirvió para evidenciar qué quieren los morenistas que no hace mucho gritaban "No estás solo" en apoyo a Rocha Moya y ahora lo niegan porque el apoyo es para la presidenta Claudia Sheinbaum. No saben lo que quieren, y hacen lo que les dicen.
Este sería el momento para que la presidenta Claudia Sheinbaum marcara los límites al señor que se fue a su rancho, y al que todavía llama Presidente sin pensar que sólo puede haber un presidente. Este sería el momento para que la señora tomara medidas para impedir que el señor que se fue a su rancho dejara de meterse en asuntos que ya no le tocan. O sí le tocan, porque todo el escándalo se debe a que es cada vez más claro que el expresidente está haciendo hasta lo imposible para proteger a sus aliados y tal vez a sí mismo.
La división de los grupos de Morena era previsible. Cuando una organización como esa – integrada por morenistas legítimos pero también y mucho por tránsfugas de partidos corruptos – llega al poder y descubre que ya no tiene con quién pelear, los grupos que la integran terminan peleándose entre sí. Lo que se ve en la práctica es un conjunto de tribus que se integraron y se están desintegrando sin mucho esfuerzo en búsqueda de poder.
Uno de esos grupos representa la interferencia del movimiento con el gobierno. Y a veces uno tiene la impresión de que el gobierno trata de gobernar pero no manda, como mostró la rebelión en la granja de Morena. Se plantean escenarios que habrían sido increíbles en otro tiempo: que la presidenta siga como va, con el riesgo de que su gobierno se venga abajo; que la presidenta se concentre en los grandes problemas nacionales; o que de una vez por todas mande al exilio al señor que se fue a su rancho para mostrar que la Nación es más importante que un proyecto político. Lo demás son variantes.
Lo que todos hemos visto es claro. La reacción inicial del gobierno es – y fue y ha sido – cerrar filas en torno a sus figuras políticas. Todos oímos a los morenistas gritar "No estás solo" desde el Congreso Nacional. Pero no los hemos oído últimamente. Lo olvidaron. Rocha Moya está solo. Y Andy López Beltrán también.
Todo sigue igual
Siguen sin solución las grandes crisis y los escándalos de los últimos ocho años: la destrucción que causó el tren Maya, que pierde veinticinco millones de pesos diarios; el aeropuerto Felipe Ángeles, que tiene pérdidas de más de mil millones de pesos desde su inauguración; la refinería de Dos Bocas, que se construyó bajo el mando de Rocío Nahle, entonces secretaria de Energía, y terminó costando más de veinte mil millones de dólares, el triple de lo presupuestado.
Nadie sabe a dónde fueron a parar en realidad los más de quince mil millones de pesos que se robaron en Segalmex, ni los miles de millones de pesos que se perdieron con el contrabando de combustible. Ni muchas otras cosas más. La impunidad persiste, y el gobierno de Estados Unidos no deja de insistir en que hay una relación cercana entre el gobierno y el narcotráfico.
Morena se llevó todo: tiene control de los tres poderes, desapareció las instituciones que servían de freno al control político, se adueñó del órgano electoral, y recientemente intentó establecer mecanismos de censura para los medios críticos. En las filas de la cuarta transformación hay personajes que atacaron y reprimieron en nombre del Estado, líderes sindicales corruptos, políticos que amanecen en un partido y anochecen en otro, aprendices de brujo y otras bestias de la fauna política mexicana. Todo sigue igual.
Desde el balcón
Llueve. Amanece lloviendo, escampa, sale el sol, llueve otra vez, y así hasta que cae la noche y se repite el ciclo. Pero uno puede salir al balcón en los ratos de sol y hacer que la malta baile en la copa como antes, y ver a los peregrinos que van y vienen antes de que vuelva a llover. En la brisa húmeda de la tarde baila la sentencia implacable e impecable de doña Amparo, una asturiana que estaba en un programa de concurso de la televisión española: el que no roba y jode es porque no tiene dónde.
Este sería el momento para que la presidenta Claudia Sheinbaum marcara los límites al señor que se fue a su rancho, y al que todavía llama Presidente sin pensar que sólo puede haber un presidente. Este sería el momento para que la señora tomara medidas para impedir que el señor que se fue a su rancho dejara de meterse en asuntos que ya no le tocan. O sí le tocan, porque todo el escándalo se debe a que es cada vez más claro que el expresidente está haciendo hasta lo imposible para proteger a sus aliados y tal vez a sí mismo.
La división de los grupos de Morena era previsible. Cuando una organización como esa – integrada por morenistas legítimos pero también y mucho por tránsfugas de partidos corruptos – llega al poder y descubre que ya no tiene con quién pelear, los grupos que la integran terminan peleándose entre sí. Lo que se ve en la práctica es un conjunto de tribus que se integraron y se están desintegrando sin mucho esfuerzo en búsqueda de poder.
Uno de esos grupos representa la interferencia del movimiento con el gobierno. Y a veces uno tiene la impresión de que el gobierno trata de gobernar pero no manda, como mostró la rebelión en la granja de Morena. Se plantean escenarios que habrían sido increíbles en otro tiempo: que la presidenta siga como va, con el riesgo de que su gobierno se venga abajo; que la presidenta se concentre en los grandes problemas nacionales; o que de una vez por todas mande al exilio al señor que se fue a su rancho para mostrar que la Nación es más importante que un proyecto político. Lo demás son variantes.
Lo que todos hemos visto es claro. La reacción inicial del gobierno es – y fue y ha sido – cerrar filas en torno a sus figuras políticas. Todos oímos a los morenistas gritar "No estás solo" desde el Congreso Nacional. Pero no los hemos oído últimamente. Lo olvidaron. Rocha Moya está solo. Y Andy López Beltrán también.
Todo sigue igual
Siguen sin solución las grandes crisis y los escándalos de los últimos ocho años: la destrucción que causó el tren Maya, que pierde veinticinco millones de pesos diarios; el aeropuerto Felipe Ángeles, que tiene pérdidas de más de mil millones de pesos desde su inauguración; la refinería de Dos Bocas, que se construyó bajo el mando de Rocío Nahle, entonces secretaria de Energía, y terminó costando más de veinte mil millones de dólares, el triple de lo presupuestado.
Nadie sabe a dónde fueron a parar en realidad los más de quince mil millones de pesos que se robaron en Segalmex, ni los miles de millones de pesos que se perdieron con el contrabando de combustible. Ni muchas otras cosas más. La impunidad persiste, y el gobierno de Estados Unidos no deja de insistir en que hay una relación cercana entre el gobierno y el narcotráfico.
Morena se llevó todo: tiene control de los tres poderes, desapareció las instituciones que servían de freno al control político, se adueñó del órgano electoral, y recientemente intentó establecer mecanismos de censura para los medios críticos. En las filas de la cuarta transformación hay personajes que atacaron y reprimieron en nombre del Estado, líderes sindicales corruptos, políticos que amanecen en un partido y anochecen en otro, aprendices de brujo y otras bestias de la fauna política mexicana. Todo sigue igual.
Desde el balcón
Llueve. Amanece lloviendo, escampa, sale el sol, llueve otra vez, y así hasta que cae la noche y se repite el ciclo. Pero uno puede salir al balcón en los ratos de sol y hacer que la malta baile en la copa como antes, y ver a los peregrinos que van y vienen antes de que vuelva a llover. En la brisa húmeda de la tarde baila la sentencia implacable e impecable de doña Amparo, una asturiana que estaba en un programa de concurso de la televisión española: el que no roba y jode es porque no tiene dónde.