icono menu responsive
Columnas y artículos de opinión
Diario de un reportero
Medio mundo en llamas
Miguel Molina
30 de julio de 2026
alcalorpolitico.com
            La noticia nos llegó un día de mediados de noviembre del año diecinueve: la bodega donde dejamos las cosas que teníamos en Londres se quemó por completo, y perdimos libros, discos, videos, ropa, muebles, televisión y estéreo, fotografías y negativos, cuadros, documentos, todo. Y después vino la pandemia. Por cuarta vez en mi vida, las pocas cosas que tuve se desvanecieron.
            He perdido lo que tuve en Xalapa, lo que tuve en Los Ángeles, lo que tuve en Montevideo, lo que tuve en Londres. Uno no puede acostumbrarse a eso, pero termina por resignarse, aunque a veces el recuerdo de las cosas perdidas vuelve y lastima: el libro que uno quisiera tener ahora, la fotografía que uno quisiera ver y mostrar, el sillón donde uno se sentaba a oír música, las sillas donde uno dormía la siesta en el patio y despertaba cuando pasaba el Concorde a las cinco de la tarde.
            Esas pérdidas me permiten entender hasta cierto punto lo que sienten quienes vieron arder sus casas y sus cosas en los incendios que ahora arrasan Francia y España. Decenas de miles de hectáreas se han consumido, y cientos de miles de personas se han visto forzadas a dejar lo que tenían: casa, animales (aunque no todos, porque hubo muchos que se quedaron para rescatar caballos, perros, gatos, aves, mascotas en general), muebles, documentos, recuerdos de familia, negocios, toda una vida. Muchos comercios – restaurantes, tiendas, bares – se vieron obligados a cerrar. La vida no volverá a ser lo que era.
            Medio mundo en llamas
            Para muchos, la forma en que se manejan los bosques ha sido la equivocada. Lo que critican es que la política forestal sea asunto de burócratas y de reglas que impiden que quienes viven en el monte dejen pastar a su ganado y de mantener su entorno como lo habían hecho siempre. Durante muchos años hubo cortafuegos, brechas donde no había vegetación alta ni material combustible para frenar incendios forestales. Eso se acabó. Las zonas protegidas se convirtieron en zonas de peligro y después de muchas firmas en muchos documentos en zonas de desastre.
            En Francia se han quemado más de dos mil hectáreas en zonas cercanas a centro urbanos. La superficie es tan grande que resulta difícil imaginarla. En España, que nos queda más cerca, hemos visto imágenes de alcaldesas de dos pequeñas ciudades calcinadas: las señoras lloraban nada más de pensar que sus hijos y los hijos de sus hijos jamás verían sus pueblos como eran, ni podrían asomarse a un pasado que se convirtió en cenizas. Ya no se trata de cuántas hectáreas ni de cuántos pueblos. Ya van más de doscientas mil hectáreas calcinadas...

            Los que viven y trabajan en el paraíso griego de Agios Pavlos, en Creta, donde pasamos días y semanas sin qué hacer, entregados al dolce far niente, tuvieron que abandonar sus casas y sus negocios ante el riesgo de incendios. También hay fuego en los bosques de Lesbos y de Paros. Hay otros incendios mayores y menores en otras partes del continente, y fuera de él.
            Ningún relato puede expresar la angustia, el enojo, la tristeza, el tamaño de la pérdida, la frustración de quienes piensan que se pudo hacer algo.
            Y uno termina pensando que en México se han registrado más de cinco mil incendios en treinta y dos estados en lo que va del año. Se quemaron más de cuatrocientas mil hectáreas. Quién sabe cuántas personas resultaron afectadas, cuántas perdieron lo que tenían, y cuántas morirán sin recuperarlo.
            Se harán censos, listas, y formas para ver cómo y cuándo se puede ayudar a los afectados. Y quién sabe quiénes ni cómo podrán decir que toda esta vaina no es consecuencia del calentamiento climático. O de los neoliberales.          
            Desde el balcón
            Uno sale al balcón con una copa de malta, porque el cuerpo ya no está para filigranas y la brisa de la tarde es fresca. Así que en Veracruz hay una nueva secretaria de Educación, Raquel Bonilla, quien era suplente en el Senado de la que fue secretaria, Claudia Tello. Tello vuelve al Senado, y Bonilla se vuelve secretaria.

            El pero que le han puesto a la nueva funcionaria es que nunca ha tenido que ver con la educación, ni como profesora, ni como administradora, ni como nada. Así cualquiera. Hasta uno mismo. Hay quienes sostienen que la malta es uno de los caminos que permiten llegar a la verdad. Uno no lo cree, pero quisiera.
            Uno jamás ocupará ese puesto porque es prófugo de la facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación y desertor de la facultad de Letras de la Universidad Veracruzana, y porque la educación es un asunto muy serio como para dejarlo en manos de administradores.
            Pero al parecer en México no hay una idea de la educación que incluya a los estudiantes. Lo que ha habido entre el gobierno y los sindicatos no toma en cuenta a los estudiantes, que son la razón de ser del sistema educativo. En una de esas lo llaman a uno para comunicarle que se ha sacado el tigre de la rifa aunque uno no cumpla la vaina de la lealtad.
            Y uno alzará la copa de malta al cielo de la tarde y beberá por eso.

Las opiniones vertidas en la sección "columnistas de hoy" son responsabilidad exclusiva de sus autores, en ejercicio de la libertad de expresión, y pueden o no coincidir con la línea editorial de alcalorpolitico.com ®

© Toda la información de este Portal Informativo está protegida por la Ley de Derechos de Autor

Los medios que deseen reproducirla pueden contratar al: 800 55 29 870

Xalapa, Veracruz - México. 2005 - 2026

logo facebook logo twitter logo instagram logo youtube logo tiktok