29 de octubre de 2026
alcalorpolitico.com
Otra semana, otro escándalo de corrupción morenista. Y otro caso de impunidad en el gobierno de la cuarta transformación. La lista es larga, pero el número de altos funcionarios investigados, detenidos, procesados y sentenciados por los delitos que se han cometido, es corto. Y los pocos detenidos son de segundo y tercer nivel, porque al parecer los mandos superiores – por incompetencia, por desinterés, por complicidad – no se dieron cuenta de lo que hacían sus subordinados.
A estas alturas, después de ocho años de gobierno, uno se pregunta qué es la cuarta transformación, en qué consiste, a dónde quiere llegar. Y uno no encuentra respuestas. Lejos, en el tiempo y la memoria política, quedaron los principios que predicaba la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, y que el señor que se fue a su rancho intentó imponer como guía de conducta a los mexicanos: La traición de un soldado y la de un general sufren igual pena. Pero, ante nuestro juicio moral, la del general es todavía peor que la del soldado.
Pero los generales que decía Reyes siguen sueltos. El movimiento que prometió que sería diferente a los de antes – aunque tiene en sus filas a muchos de los de antes – resultó igual o peor porque la naturaleza humana no obedece a partidos sino a oportunidades. A muchos los pusieron donde había, y todos estamos viendo lo que pasa. Creo que muchos coinciden en que todo seguirá siendo igual que antes mientras sigan libres quienes permitieron la corrupción, pero ahora ya no están en el poder ni Peña Nieto ni Calderón, ni – por suerte – Fox, ni Zedillo, ni Salinas, ni nadie más que el señor que se fue a su rancho y no termina de irse.
Los que están tienen la obligación de acabar con la corrupción y los corruptos, los establos de Egeas del México de nuestro tiempo, pero los corruptos no pagan las consecuencias y la corrupción sigue mostrando sus mil cabezas. Hay descontento – no general, pero hay – porque la verdad no puede deshacerse con mentiras. Todavía lejos, pero cerca, queda la advertencia en el librito de Reyes que publicó Morena antes de que se viera lo que se ha visto: Cuando el gobierno (que no es lo mismo que la ley) comienza a contravenir las leyes, o a desoír los anhelos de reforma que el pueblo expresa, sobrevienen las revoluciones.
Desde el balcón
Uno sale al balcón con la copa de malta, y encuentra una tarde de aire fresco y luz suave que casi convierte el miércoles en una fiesta. De un lado, los peregrinos y los turistas que van en busca de la catedral y pasan sin perder mucho tiempo frente a la muralla que tiene ochocientos cincuenta y seis años y algunos minutos. Del otro lado, los niños que juegan a la pelota y los paseantes que van y vienen. Ya es otoño.
Dentro de ciento veinte días desaparecerán los problemas del sistema de salud de México – escasez de medicamentos y de equipos médicos –, según el incompetente director del Instituto Mexicano del Seguro Social, Zoe Robledo, que piensa hacer en ese tiempo lo que no pudo hacer en siete años. En cualquier otra parte lo habrían despedido sin contemplaciones, o habría renunciado lleno de vergüenza por su ineptitud. No en México, donde la impunidad ya es normal, parte de la vida diaria.
Uno bebe un trago de malta. La campana tañe la hora. El miércoles ha comenzado a convertirse en jueves, y habrá más horas de otoño y habrá otras historias aunque sigan siendo las mismas. Hay que brindar por eso.
A estas alturas, después de ocho años de gobierno, uno se pregunta qué es la cuarta transformación, en qué consiste, a dónde quiere llegar. Y uno no encuentra respuestas. Lejos, en el tiempo y la memoria política, quedaron los principios que predicaba la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, y que el señor que se fue a su rancho intentó imponer como guía de conducta a los mexicanos: La traición de un soldado y la de un general sufren igual pena. Pero, ante nuestro juicio moral, la del general es todavía peor que la del soldado.
Pero los generales que decía Reyes siguen sueltos. El movimiento que prometió que sería diferente a los de antes – aunque tiene en sus filas a muchos de los de antes – resultó igual o peor porque la naturaleza humana no obedece a partidos sino a oportunidades. A muchos los pusieron donde había, y todos estamos viendo lo que pasa. Creo que muchos coinciden en que todo seguirá siendo igual que antes mientras sigan libres quienes permitieron la corrupción, pero ahora ya no están en el poder ni Peña Nieto ni Calderón, ni – por suerte – Fox, ni Zedillo, ni Salinas, ni nadie más que el señor que se fue a su rancho y no termina de irse.
Los que están tienen la obligación de acabar con la corrupción y los corruptos, los establos de Egeas del México de nuestro tiempo, pero los corruptos no pagan las consecuencias y la corrupción sigue mostrando sus mil cabezas. Hay descontento – no general, pero hay – porque la verdad no puede deshacerse con mentiras. Todavía lejos, pero cerca, queda la advertencia en el librito de Reyes que publicó Morena antes de que se viera lo que se ha visto: Cuando el gobierno (que no es lo mismo que la ley) comienza a contravenir las leyes, o a desoír los anhelos de reforma que el pueblo expresa, sobrevienen las revoluciones.
Desde el balcón
Uno sale al balcón con la copa de malta, y encuentra una tarde de aire fresco y luz suave que casi convierte el miércoles en una fiesta. De un lado, los peregrinos y los turistas que van en busca de la catedral y pasan sin perder mucho tiempo frente a la muralla que tiene ochocientos cincuenta y seis años y algunos minutos. Del otro lado, los niños que juegan a la pelota y los paseantes que van y vienen. Ya es otoño.
Dentro de ciento veinte días desaparecerán los problemas del sistema de salud de México – escasez de medicamentos y de equipos médicos –, según el incompetente director del Instituto Mexicano del Seguro Social, Zoe Robledo, que piensa hacer en ese tiempo lo que no pudo hacer en siete años. En cualquier otra parte lo habrían despedido sin contemplaciones, o habría renunciado lleno de vergüenza por su ineptitud. No en México, donde la impunidad ya es normal, parte de la vida diaria.
Uno bebe un trago de malta. La campana tañe la hora. El miércoles ha comenzado a convertirse en jueves, y habrá más horas de otoño y habrá otras historias aunque sigan siendo las mismas. Hay que brindar por eso.