20 de mayo de 2026
alcalorpolitico.com
Más allá de que en el caso del yate, Zenyazen Escobar se ha condenado solo con tanta justificación no pedida, este escándalo muestra que a la Gobernadora sí le ha cobrado factura no ser de Veracruz al –entre otros aspectos- tener un pobre equipo de colaboradores.
Sí le ha pesado no ser de Veracruz, como les pesó a otros gobernadores veracruzanos haber estado mucho tiempo fuera del estado.
Un claro ejemplo de esto último fue Agustín Acosta Lagunes. Nativo de Paso de Ovejas vivió en tierras veracruzanas hasta la preparatoria, de ahí se fue y pasaron más de 30 años para su regreso como gobernador.
Su padre heredero de un ingenio azucarero y su madre hija de los dueños de una hacienda, preparado profesionalmente en el extranjero, Acosta Lagunes vivía una realidad ajena al Veracruz que, junto con el resto del país, empezaba a cambiar y a rebelarse contra el autoritario modelo priista.
Le molestaban los políticos, los repelía y los alejaba de su entorno. Autoritario, pensó que por el solo voto y respaldo del entonces presidente José López Portillo podía mandar a su antojo. Los golpes de la realidad le mostraron otra situación.
Rechazó a los líderes de organizaciones sociales y sindicales y quiso poner de ejemplo de cómo doblegarlos a la maestra Acela Servín Murrieta, lideresa del Sindicato Estatal de Trabajadores de la Educación (SETSE). Topó con pared, pasaron semanas y semanas de huelga y un día salió de sus oficinas del Palacio de Gobierno para, entre unos ruidosos profesores, anunciar el acuerdo con el SETSE.
Sin embargo, Acosta Lagunes aprendió. Inteligente, astuto, preparado, terminó siendo político y no sólo dejó una de las obras materiales más importantes sino que no está ubicado en el lado de los gobernadores ladrones. Cuidaba los pesos, él personalmente entregaba el dinero a los jefes de las áreas administrativas con la advertencia de que no debía haber ningún desvío.
Por otra parte, sus más de 30 años fuera de Veracruz se notaron en la conformación de su grupo de colaboradores. El quehacer político lo delegó en un brillante notario, Ignacio Morales Lechuga, también con mucho tiempo fuera de Veracruz, quien suplió eso rodeándose de políticos locales curtidos o que ya habían dado muestras de resolver problemas, y en cuestiones de dinero lo ayudó alguien de Chihuahua, José Luis Pérez Chow.
Fernando Gutiérrez Barrios no hizo presencia física en Veracruz durante décadas, pero al ser gobernador designó a veracruzanos con trayectoria conocida y reconocida en la administración pública o en el ámbito profesional.
POLÍTICOS PROFESIONALES, NO EXHIBICIONISTAS
A Rocío Nahle también le ha pesado no ser de Veracruz. Como Acosta Lagunes en su momento, también llegó a gobernar Veracruz por un solo voto, el de López Obrador, quien primero tramposamente la hizo ganar la encuesta interna de Morena y después movió los hilos para su triunfo en la elección constitucional.
Ahora sentiría –López Obrador tirando línea solo sobre temas de importancia desde su rancho y la presidenta Sheinbaum abrumada por tantos problemas- que ya no le debe la gubernatura a nadie, menos a los veracruzanos.
Siente que Veracruz le queda chico, pero hay una cuestión: su equipo de colaboradores es el chico, pequeño para un territorio con la movilidad y complejidad de Veracruz, y ella sobre la marcha ha ido aprendiendo y entendiendo lo que es este estado, pero todavía le enojan peticiones y reclamos justos.
Llegó sin tener un equipo local, improvisó a algunos veracruzanos, varios de los cuales le fallaron o le siguen fallando y optó por aliarse con lo peor de la pandilla del sexenio pasado.
Le falló la diseñadora de imagen que puso al frente de la Secretaría de Turismo. No dejó operar al primer secretario de Salud. A su asesora de campaña, hasta el año pasado alcaldesa de Minatitlán, la tuvo que borrar. Al exalcalde de Coatzacoalcos lo mantiene en la banca. Revivió a quien, en el gobierno de Cuitláhuac, colocó como titular de Salud, sólo para que trate de engañar al pueblo diciendo que hay medicamentos en los hospitales. Le falló su primer contralor. Sostiene a su secretaria de Educación y al subsecretario de Educación Superior para no quedar mal ella y exhibir una mala decisión al nombrarlos. Le falló su rector de la UPAV. Le falló su director del Cobaev y etcétera, etcétera.
Puso a un incondicional en la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas (SIOP), donde concentró toda la multimillonaria obra anual, y a otro igual para manejar el dinero de la Secretaría de Salud.
No volteó su mirada a los académicos de izquierda ni a quienes se han distinguido por una lucha social honrada, no, optó por tener de aliados a los de la pandilla cuitlahuista, quienes supuestamente le dan votos, pero en realidad solo trabajan para su beneficio y el de su grupo.
En cada gobierno pasado hubo quienes también le fallaron a los gobernadores, pero no como ahora.
Hubo incluso mandatarios que trabajaron casi con puros jóvenes, como Rafael Hernández Ochoa.
Y gente como Amadeo Flores Espinosa, Guillermo Zúñiga Martínez, Jorge Uscanga Escobar, Gonzalo Morgado Huesca o Carlos Brito Gómez, por mencionar a algunos que colaboraron en distintos gobiernos, nunca se vieron envueltos en escándalos como los del sexenio pasado o se exhibieron con trajes de baño de 8 mil pesos y ni siquiera fueron captados en motos acuáticas. Guardaron prudencia.
Los doctores Pedro Coronel o Rafael Velasco no se la pasaban quejándose de la prensa, trabajaron por el sistema de salud. El ingeniero Nachón conoce todo el territorio veracruzano, kilómetro por kilómetro de carreteras y caminos vecinales. Roberto Bravo Garzón, fiestero y todo, expandió a la UV y le dio brillo cultural. Víctor Arredondo gestionó recursos como ninguno para la Universidad y marcó la segunda etapa de expansión.
Hoy se ha hecho alianza con gente como Zenyazen y Cazarín. Esos son los que participan en la gobernabilidad. Usted juzgue lector.
Sí le ha pesado no ser de Veracruz, como les pesó a otros gobernadores veracruzanos haber estado mucho tiempo fuera del estado.
Un claro ejemplo de esto último fue Agustín Acosta Lagunes. Nativo de Paso de Ovejas vivió en tierras veracruzanas hasta la preparatoria, de ahí se fue y pasaron más de 30 años para su regreso como gobernador.
Su padre heredero de un ingenio azucarero y su madre hija de los dueños de una hacienda, preparado profesionalmente en el extranjero, Acosta Lagunes vivía una realidad ajena al Veracruz que, junto con el resto del país, empezaba a cambiar y a rebelarse contra el autoritario modelo priista.
Le molestaban los políticos, los repelía y los alejaba de su entorno. Autoritario, pensó que por el solo voto y respaldo del entonces presidente José López Portillo podía mandar a su antojo. Los golpes de la realidad le mostraron otra situación.
Rechazó a los líderes de organizaciones sociales y sindicales y quiso poner de ejemplo de cómo doblegarlos a la maestra Acela Servín Murrieta, lideresa del Sindicato Estatal de Trabajadores de la Educación (SETSE). Topó con pared, pasaron semanas y semanas de huelga y un día salió de sus oficinas del Palacio de Gobierno para, entre unos ruidosos profesores, anunciar el acuerdo con el SETSE.
Sin embargo, Acosta Lagunes aprendió. Inteligente, astuto, preparado, terminó siendo político y no sólo dejó una de las obras materiales más importantes sino que no está ubicado en el lado de los gobernadores ladrones. Cuidaba los pesos, él personalmente entregaba el dinero a los jefes de las áreas administrativas con la advertencia de que no debía haber ningún desvío.
Por otra parte, sus más de 30 años fuera de Veracruz se notaron en la conformación de su grupo de colaboradores. El quehacer político lo delegó en un brillante notario, Ignacio Morales Lechuga, también con mucho tiempo fuera de Veracruz, quien suplió eso rodeándose de políticos locales curtidos o que ya habían dado muestras de resolver problemas, y en cuestiones de dinero lo ayudó alguien de Chihuahua, José Luis Pérez Chow.
Fernando Gutiérrez Barrios no hizo presencia física en Veracruz durante décadas, pero al ser gobernador designó a veracruzanos con trayectoria conocida y reconocida en la administración pública o en el ámbito profesional.
POLÍTICOS PROFESIONALES, NO EXHIBICIONISTAS
A Rocío Nahle también le ha pesado no ser de Veracruz. Como Acosta Lagunes en su momento, también llegó a gobernar Veracruz por un solo voto, el de López Obrador, quien primero tramposamente la hizo ganar la encuesta interna de Morena y después movió los hilos para su triunfo en la elección constitucional.
Ahora sentiría –López Obrador tirando línea solo sobre temas de importancia desde su rancho y la presidenta Sheinbaum abrumada por tantos problemas- que ya no le debe la gubernatura a nadie, menos a los veracruzanos.
Siente que Veracruz le queda chico, pero hay una cuestión: su equipo de colaboradores es el chico, pequeño para un territorio con la movilidad y complejidad de Veracruz, y ella sobre la marcha ha ido aprendiendo y entendiendo lo que es este estado, pero todavía le enojan peticiones y reclamos justos.
Llegó sin tener un equipo local, improvisó a algunos veracruzanos, varios de los cuales le fallaron o le siguen fallando y optó por aliarse con lo peor de la pandilla del sexenio pasado.
Le falló la diseñadora de imagen que puso al frente de la Secretaría de Turismo. No dejó operar al primer secretario de Salud. A su asesora de campaña, hasta el año pasado alcaldesa de Minatitlán, la tuvo que borrar. Al exalcalde de Coatzacoalcos lo mantiene en la banca. Revivió a quien, en el gobierno de Cuitláhuac, colocó como titular de Salud, sólo para que trate de engañar al pueblo diciendo que hay medicamentos en los hospitales. Le falló su primer contralor. Sostiene a su secretaria de Educación y al subsecretario de Educación Superior para no quedar mal ella y exhibir una mala decisión al nombrarlos. Le falló su rector de la UPAV. Le falló su director del Cobaev y etcétera, etcétera.
Puso a un incondicional en la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas (SIOP), donde concentró toda la multimillonaria obra anual, y a otro igual para manejar el dinero de la Secretaría de Salud.
No volteó su mirada a los académicos de izquierda ni a quienes se han distinguido por una lucha social honrada, no, optó por tener de aliados a los de la pandilla cuitlahuista, quienes supuestamente le dan votos, pero en realidad solo trabajan para su beneficio y el de su grupo.
En cada gobierno pasado hubo quienes también le fallaron a los gobernadores, pero no como ahora.
Hubo incluso mandatarios que trabajaron casi con puros jóvenes, como Rafael Hernández Ochoa.
Y gente como Amadeo Flores Espinosa, Guillermo Zúñiga Martínez, Jorge Uscanga Escobar, Gonzalo Morgado Huesca o Carlos Brito Gómez, por mencionar a algunos que colaboraron en distintos gobiernos, nunca se vieron envueltos en escándalos como los del sexenio pasado o se exhibieron con trajes de baño de 8 mil pesos y ni siquiera fueron captados en motos acuáticas. Guardaron prudencia.
Los doctores Pedro Coronel o Rafael Velasco no se la pasaban quejándose de la prensa, trabajaron por el sistema de salud. El ingeniero Nachón conoce todo el territorio veracruzano, kilómetro por kilómetro de carreteras y caminos vecinales. Roberto Bravo Garzón, fiestero y todo, expandió a la UV y le dio brillo cultural. Víctor Arredondo gestionó recursos como ninguno para la Universidad y marcó la segunda etapa de expansión.
Hoy se ha hecho alianza con gente como Zenyazen y Cazarín. Esos son los que participan en la gobernabilidad. Usted juzgue lector.