8 de abril de 2026
alcalorpolitico.com
La ignorancia es atrevida... y el cinismo igual.
Ser gobernador es un altísimo honor, a la vez representa una pesada responsabilidad y al dejar de serlo debería seguir existiendo una gran sensatez por lo que representó el cargo ostentado.
Entre los exgobernadores ha habido de todo. Patricio Chirinos optó sabiamente por guardar absoluto silencio y ni siquiera volver a mostrarse. Lo hecho como gobernador hecho estaba y la historia lo juzga.
Rafael Hernández Ochoa no quiso dejar la política. Intentó reincorporarse al gobierno federal casi inmediatamente, pero el entonces presidente López Portillo le mandó a decir que había quemado sus naves al pedir la intervención presidencial para el excarcelamiento de dos de sus colaboradores. Después logró la Subsecretaría Forestal y la muerte lo sorprendió en un accidente.
Dante Delgado Rannauro, hiperactivo y siempre tirándole a la luna, tras la gubernatura aceptó un cargo en el gobierno de Zedillo, quien luego ordenó encarcelarlo; después se reinventó y formó su partido que ahora le rinde frutos.
Miguel Alemán Velazco se retiró a la vida privada, aunque en funciones de gobernador aspiró a ser presidente.
Fidel Herrera seguiría haciendo política, pero los ACV sufridos finalmente le ocasionaron la muerte.
Y Fernando Gutiérrez Barrios tuvo su regreso a la política cuando el PRI, en declive, echó mano de varios exgobernadores para hacerlos candidatos y, en el caso de FGB, compitió para el Senado y ganó, no terminando el periodo al fallecer.
Así las cosas, Gutiérrez Barrios ha sido el único exgobernador veracruzano que volvió a someterse a la evaluación, en las urnas, de los veracruzanos.
Actualmente vemos a un exgobernador, calificado como el peor, regresando en fechas clave para hacer sentir, según él, su peso político y respaldar las aspiraciones de quienes fueron sus protegidos en su gobierno.
Cada vez que viene a estas tierras hace difusión en sus redes sociales, pues de otra forma no encontraría mucho eco.
Y es que antes, cuando era gobernador, la gente lo identificaba fuera del Palacio de Gobierno por el gran número de guaruras que lo protegía.
Actualmente puede andar en calles jarochas como en el Malecón, en alguna plaza comercial de Boca del Río, en el bulevar de Tuxpan o en Enríquez en Xalapa y ni quien lo increpe o le grite.
Y nadie lo molesta porque no lo reconocen al haber sido un gobernador alejado del pueblo, preocupado por sus coreografías, pero ciego y sordo ante las necesidades del pueblo.
Si lo identificaran en las calles le lloverían reclamos pues en su gobierno no frenó la inseguridad, no apoyó a los familiares de desaparecidos, no hubo atención adecuada a los niños con cáncer, no hubo buenas obras, no apoyó al campo y sí fue un gran represor político, mintió con la deuda y permitió que colaboradores y alcaldes hicieran y deshicieran.
Pero en estos días de Semana Santa se apareció por acá -supuestamente trabaja en la CDMX; allá ostenta un cargo federal como de quinto nivel, pero de ahí a que trabaje por el bien del país existe una enorme distancia- para hacer sentir su peso político.
Unos dicen que es con el fin de respaldar a cuatro o cinco de sus seguidores que pretenden repetir como diputados o acceder a una curul.
Otros comentan que este exgobernador, sintiéndose muy querido, amado por el pueblo que gobernó, pretende someterse al examen de las urnas y ser candidato por Xalapa.
¡Los empleados de la UV, los trabajadores del Palacio de Gobierno, los servidores públicos de la Secretaria de Salud, los policías, etcétera, etcétera, seguramente se volcarían en las urnas para votar... en su contra!
Ser gobernador es un altísimo honor, a la vez representa una pesada responsabilidad y al dejar de serlo debería seguir existiendo una gran sensatez por lo que representó el cargo ostentado.
Entre los exgobernadores ha habido de todo. Patricio Chirinos optó sabiamente por guardar absoluto silencio y ni siquiera volver a mostrarse. Lo hecho como gobernador hecho estaba y la historia lo juzga.
Rafael Hernández Ochoa no quiso dejar la política. Intentó reincorporarse al gobierno federal casi inmediatamente, pero el entonces presidente López Portillo le mandó a decir que había quemado sus naves al pedir la intervención presidencial para el excarcelamiento de dos de sus colaboradores. Después logró la Subsecretaría Forestal y la muerte lo sorprendió en un accidente.
Dante Delgado Rannauro, hiperactivo y siempre tirándole a la luna, tras la gubernatura aceptó un cargo en el gobierno de Zedillo, quien luego ordenó encarcelarlo; después se reinventó y formó su partido que ahora le rinde frutos.
Miguel Alemán Velazco se retiró a la vida privada, aunque en funciones de gobernador aspiró a ser presidente.
Fidel Herrera seguiría haciendo política, pero los ACV sufridos finalmente le ocasionaron la muerte.
Y Fernando Gutiérrez Barrios tuvo su regreso a la política cuando el PRI, en declive, echó mano de varios exgobernadores para hacerlos candidatos y, en el caso de FGB, compitió para el Senado y ganó, no terminando el periodo al fallecer.
Así las cosas, Gutiérrez Barrios ha sido el único exgobernador veracruzano que volvió a someterse a la evaluación, en las urnas, de los veracruzanos.
Actualmente vemos a un exgobernador, calificado como el peor, regresando en fechas clave para hacer sentir, según él, su peso político y respaldar las aspiraciones de quienes fueron sus protegidos en su gobierno.
Cada vez que viene a estas tierras hace difusión en sus redes sociales, pues de otra forma no encontraría mucho eco.
Y es que antes, cuando era gobernador, la gente lo identificaba fuera del Palacio de Gobierno por el gran número de guaruras que lo protegía.
Actualmente puede andar en calles jarochas como en el Malecón, en alguna plaza comercial de Boca del Río, en el bulevar de Tuxpan o en Enríquez en Xalapa y ni quien lo increpe o le grite.
Y nadie lo molesta porque no lo reconocen al haber sido un gobernador alejado del pueblo, preocupado por sus coreografías, pero ciego y sordo ante las necesidades del pueblo.
Si lo identificaran en las calles le lloverían reclamos pues en su gobierno no frenó la inseguridad, no apoyó a los familiares de desaparecidos, no hubo atención adecuada a los niños con cáncer, no hubo buenas obras, no apoyó al campo y sí fue un gran represor político, mintió con la deuda y permitió que colaboradores y alcaldes hicieran y deshicieran.
Pero en estos días de Semana Santa se apareció por acá -supuestamente trabaja en la CDMX; allá ostenta un cargo federal como de quinto nivel, pero de ahí a que trabaje por el bien del país existe una enorme distancia- para hacer sentir su peso político.
Unos dicen que es con el fin de respaldar a cuatro o cinco de sus seguidores que pretenden repetir como diputados o acceder a una curul.
Otros comentan que este exgobernador, sintiéndose muy querido, amado por el pueblo que gobernó, pretende someterse al examen de las urnas y ser candidato por Xalapa.
¡Los empleados de la UV, los trabajadores del Palacio de Gobierno, los servidores públicos de la Secretaria de Salud, los policías, etcétera, etcétera, seguramente se volcarían en las urnas para votar... en su contra!