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Columnas y artículos de opinión

Felices fiestas para los seiscientos veintiocho

Diario de un reportero

Por: Miguel Molina

17/12/2021

alcalorpolitico.com

Y pasó el tiempo, aunque esta vez más despacio. Quienes pueden se preparan para festejar algo, lo que sea, como puedan, durante las próximas semanas, que ofrecen la ilusión de algo termina y algo comienza. Pero la vida es difícil – nunca fue fácil para muchos – y no alcanza para muchas celebraciones, como señaló el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que lleva las cuentas de todo.

Hay unos cincuenta y siete millones de mexicanos con trabajo, y poco más de un millón de ellos – dos por ciento – gana más de dieciocho mil quinientos pesos pesos al mes (bien puede ser que en esa cifra estén quienes agregan a sus caudales decenas de miles, cientos de miles, quizá millones de pesos mensuales, porque todo es posible). Los demás ganan lo que pueden y viven según y cómo. Y así serán sus aguinaldos.

Mientras eso pasa, aparece la feliz noticia de que los ciento veintiocho senadores de la República se van de vacaciones hasta enero con su sueldo (unos ciento ochenta mil pesos mensuales) y ciento treinta mil pesos de aguinaldo. Los quinientos diputados federales van a recibir ciento cuarenta mil pesos de aguinaldo y setenta mil para pagar los impuestos de la gratificación. Más apoyos y gratificaciones y todo lo que se acumule en estos años solidarios.



Tal vez habría que empezar a quejarse de las altísimas remuneraciones que reciben los legisladores. No veo por qué no.

Por mirar atrás



A ver. Van tres años de gobierno en Veracruz por donde quiera que se mire. Al principio era razonable que los nuevos culparan a los anteriores del desmadre que dejaron en el estado. Miles y miles de millones de pesos de los fondos públicos desaparecieron en cuentas tan escondidas que todavía no se han podido encontrar. Pero no ha pasado nada. Nadie ha logrado esclarecer los misterios de residencias y ranchos y vehículos y otras vainas que amanecieron en manos de ex funcionarios explicablemente enriquecidos.

El gobierno no quiere o no puede desterrar la corrupción. Los aviadores que con tanta fanfarria descubrieron en la secretaría de Educación y en otros rincones oscuros de la burocracia siguen en sus puestos o a lo mucho fueron despedidos, pero no pagaron el dinero que habían cobrado ilegalmente ni respondieron ante la autoridad por fraude.



Hasta donde vamos – a la mitad del gobierno – no hay nadie en la cárcel por todo ese dinero que falta ni por todas esas propiedades que sobran. Han detenido a políticos de oposición y a muchachos cuyo delito fue estar en el lugar equivocado a la hora equivocada. Los muchachos salieron libres, pero siguen en la cárcel los demás detenidos por presuntos ultrajes a una autoridad en la que no muchos confían.

La vaina es que por mirar atrás no vemos hacia adelante. Sabemos – porque se ha dicho todos los días desde quién sabe cuándo – que Veracruz fue presa de saqueadores, cómplices de muchas cosas tan escondidas que ni la dilecta Fiscalía ha logrado desentrañar de una vez y para siempre en los últimos tres años.

Que sigan buscando. Sabemos de dónde venimos. Se necesita que alguien diga para dónde vamos, o para dónde tendríamos que ir, y cómo podemos llegar allá. Saldar cuentas con el pasado es importante, pero buscar caminos hacia el futuro es urgente. Por lo pronto no ha pasado ni una cosa ni la otra.



Desde el balcón

Saparmurat Niyázov, Turkmenbashi, padre de los turcomanos, decidió un día que era necesario construir un palacio de hielo en las montañas Copa Dec, no muy lejos de Ashgabad. También impuso un impuesto a los extranjeros que se casaran con turcomanas, prohibió la ópera, el teatro y el ballet, ordenó que solamente se usara música en vivo en todas partes, y mandó que cerraran los circos y las salas de conciertos. Murió un jueves. La historia oficial – es decir Google – no registra qué fue del palacio de hielo, porque Ashgabad queda lejos de casi todas partes.



Uno lee lo que pasó con la pista de patinaje sobre hielo que hasta la fecha no ha podido funcionar en Coatzacoalcos porque el agua no se congela, como puede pasar en un lugar donde la temperatura decembrina no baja de dieciocho grados. La malta hace que uno piense un rato en Turkmenbashi, que mandó sembrar un bosque en las afueras de Ashgabad, y dio gas y electricidad gratis a todos los turcomanos. Pero vuelve, necio, a Veracruz y a sus pistas.

Además de la que no cuaja en Coatza, hay pistas de hielo firme en Coatepec, Cosamaloapan y Papantla, que al parecer sí funcionan. La que sigue inútil fue comisionada por la secretaría de Turismo de Veracruz, según el secretario de Gobierno, que habló de la vaina esa como si fuera asunto suyo, sin respetar las tribulaciones ni las atribuciones de su compañera de gabinete. Qué triste. Saparmurat Niyázov no habría dejado que eso pasara, porque cosas así evidencian la falta de unidad política de cualquier gobierno.

La tarde es un cielo gris, un piano lejos, la brisa helada, los pasos de alguien que camina en silencio por la vereda del parque. La malta ofrece calor y consuelo a los huesos adoloridos por la humedad, porque el cuerpo ya no está para patinajes. Pero qué necesidad. Este es un miércoles que parece jueves.



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