23 de julio de 2026
alcalorpolitico.com
Lutgarda Madrigal Valdez no se detuvo cuando una reportera le preguntó sobre lo que ha hecho la Comisión Estatal de Búsqueda de los desaparecidos en Veracruz. "Pérdónenme, no puedo. Discúlpenme, no puedo... Ay, ya van a empezar", dijo la señora y se fue, convencida de que su función no es dar entrevistas. Pero no da entrevistas a nadie ni informa a los veracruzanos sobre lo que ha hecho, aunque se embolsa alrededor de cincuenta mil pesos del erario público cada mes.
Doña Lutgarda no explicó por qué no habla con la prensa ni anunció cuándo se dará a conocer lo que hecho en más de año y medio que lleva como encargada de despacho, desde donde tendría que coordinar operativos de búsqueda, hacer acompañamiento de familiares y de organizaciones colectivas, y de colaborar con la Fiscalía del Estado. Parece que eso no se sabrá nunca, como muchas cosas que ha hecho o dejado de hacer la cuarta transformación.
El cargo que tiene la señora Madrigal Valdez es provisional. Según la gobernadora Rocío Nahle, se iba a implementar el proceso legal – convocatoria, selección y nombramiento – para nombrar un titular, pero no ha tenido tiempo de atender el asunto, ni siquiera para que el gobierno comience a buscar a quien coordinará las investigaciones, y el nueve de diciembre de hace dos años, la señora Nahle declaró que ya había una fecha definida para la convocatoria. Como la negra del son, dijo que sí pero no dijo cuándo.
Mientras tanto, siguen faltando veracruzanos. Hasta mayo de este año, había más de seis mil quinientos desaparecidos recientes cuya suerte no hace que la responsable de buscarlos hable sobre ellos ni sobre lo que ha hecho para encontrarlos. Doña Lutgarda – que quiso y no pudo ser ministra de la Suprema Corte de Justicia – ostenta maestrías en derecho de todo tipo, pero no entiende que tiene la obligación de informar porque es funcionaria pública. El puesto no es propiedad suya ni está sujeto a sus caprichos o preferencias: ella es servidora pública y tiene que dar cuentas aunque no lo entienda.
No es quiera dar cuentas, es que tiene que darlas.
Su desinterés refleja la indiferencia del gobierno estatal ante la suerte de los desaparecidos. Como pasó en el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez, que en palabras del señor que se fue a su rancho era el mejor gobernador que ha tenido Veracruz.
Desde el balcón
Uno se sienta en el balcón el martes y siente la brisa que no se atreve a refrescar la tarde, callada porque el bar de Boby cierra los martes. De vez en cuando pasan peregrinos con planos de la ciudad en la mano, parejas que van o vienen de algo, y cada hora los relojes del rumbo marcan casi a la vez el paso del tiempo.
En el otro balcón brillaba la luz verde del sol entre los árboles, y el parque se encendía con la algarabía de los niños y las variadas voces de los pájaros. Un vecino torturaba piezas de Liszt o de Chopin, y uno bebía sorbos de malta ante el barullo. Aquí no. Frente al balcón, una muralla de hace ocho siglos y medio espera en silencio que la vida siga pasando. Y es la hora del gin&tonic, que refresca la tarde y la avanzada edad.
Doña Lutgarda no explicó por qué no habla con la prensa ni anunció cuándo se dará a conocer lo que hecho en más de año y medio que lleva como encargada de despacho, desde donde tendría que coordinar operativos de búsqueda, hacer acompañamiento de familiares y de organizaciones colectivas, y de colaborar con la Fiscalía del Estado. Parece que eso no se sabrá nunca, como muchas cosas que ha hecho o dejado de hacer la cuarta transformación.
El cargo que tiene la señora Madrigal Valdez es provisional. Según la gobernadora Rocío Nahle, se iba a implementar el proceso legal – convocatoria, selección y nombramiento – para nombrar un titular, pero no ha tenido tiempo de atender el asunto, ni siquiera para que el gobierno comience a buscar a quien coordinará las investigaciones, y el nueve de diciembre de hace dos años, la señora Nahle declaró que ya había una fecha definida para la convocatoria. Como la negra del son, dijo que sí pero no dijo cuándo.
Mientras tanto, siguen faltando veracruzanos. Hasta mayo de este año, había más de seis mil quinientos desaparecidos recientes cuya suerte no hace que la responsable de buscarlos hable sobre ellos ni sobre lo que ha hecho para encontrarlos. Doña Lutgarda – que quiso y no pudo ser ministra de la Suprema Corte de Justicia – ostenta maestrías en derecho de todo tipo, pero no entiende que tiene la obligación de informar porque es funcionaria pública. El puesto no es propiedad suya ni está sujeto a sus caprichos o preferencias: ella es servidora pública y tiene que dar cuentas aunque no lo entienda.
No es quiera dar cuentas, es que tiene que darlas.
Su desinterés refleja la indiferencia del gobierno estatal ante la suerte de los desaparecidos. Como pasó en el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez, que en palabras del señor que se fue a su rancho era el mejor gobernador que ha tenido Veracruz.
Desde el balcón
Uno se sienta en el balcón el martes y siente la brisa que no se atreve a refrescar la tarde, callada porque el bar de Boby cierra los martes. De vez en cuando pasan peregrinos con planos de la ciudad en la mano, parejas que van o vienen de algo, y cada hora los relojes del rumbo marcan casi a la vez el paso del tiempo.
En el otro balcón brillaba la luz verde del sol entre los árboles, y el parque se encendía con la algarabía de los niños y las variadas voces de los pájaros. Un vecino torturaba piezas de Liszt o de Chopin, y uno bebía sorbos de malta ante el barullo. Aquí no. Frente al balcón, una muralla de hace ocho siglos y medio espera en silencio que la vida siga pasando. Y es la hora del gin&tonic, que refresca la tarde y la avanzada edad.