29 de mayo de 2026
alcalorpolitico.com
Nadie quiere que le vaya mal a México, pero le está yendo mal. Los constantes anuncios de lo que está haciendo el gobierno del país terminan por confirmar lo que muchos piensan: esta vaina no marcha como debería, ni funciona como dicen que está funcionando. La presidenta se queja de que los medios no mencionan los logros de su administración, y pide a quien le haga caso que no vea Televisión Azteca.
Más allá de la desafortunada declaración presidencial, que violenta el derecho a la libertad de expresión, si uno ve este cuadro sin apresuramiento ni pasión, encontrará varios inconvenientes. El primero, que la señora Sheinbaum usa sus conferencias de prensa para atacar, difamar y criticar a sus críticos en nombre de un presunto derecho de réplica. Pero los gobiernos no tienen derecho de réplica, ni deberían usar la infraestructura de la Presidencia para denigrar a quienes no están de acuerdo con ellos.
Para los ciudadanos, lo que no está prohibido por la ley está permitido. En cambio, la autoridad pública sólo puede hacer lo que la ley le permite, con habilitación expresa. Y la última vez que busqué no pude hallar la parte de la ley que autoriza o manda las conferencias diarias de prensa de la presidenta, o del señor que se fue a su rancho, que fue quien inventó los maratones mañaneros sin orden ni concierto.
Los inventos de los medios
El segundo inconveniente del discurso presidencial – aun para sorpresa de la heredera – es que los medios no están al servicio del gobierno. Los medios no inventaron al hermano del expresidente recibiendo sobres con dinero "para el movimiento". Los medios no inventan las matanzas, las desapariciones, las extorsiones que sufren los mexicanos cada día y prácticamente en todas partes. Los medios no inventaron un tren que pierde diez millones de pesos diarios, que se suman a los tres mil seiscientos cuarenta y nueve millones que perdió el año pasado pese a los subsidios que recibe.
Los medios no inventan la corrupción que vive en las filas de Morena, ni inventan los viajes de funcionarios y políticos al extranjero, ni inventan la vida de nuevos ricos de muchos morenistas, ni inventaron la idea de que el grupo en el poder debe vivir con austeridad y modestia, como varias veces ha declarado la presidenta a los morenistas que la ignoran.
Los medios no inventaron los cargos de Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya y otros funcionarios mexicanos, y los medios no inventaron los pretextos de las autoridades para defender a los señalados. Los medios no inventaron la inflación ni el alza de precios de la canasta básica, ni inventaron la caída crediticia de México en los índices de las empresas calificadoras.
Los medios cuentan la historia de lo inmediato, y tienen derecho a disentir de las políticas públicas. Los comentócratas mentirosos, como los llama la presidenta, también son mexicanos y dicen lo que ven, o lo que piensan, porque ver y pensar no son delitos.
Pero no: es claro que la señora Sheinbaum gobierna solamente para los morenistas y no para todos los mexicanos. Y los mexicanos tienen que estar listos para obedecer, y hacer y pensar lo que les digan. Quien no lo haga es oposición y lo que piense y lo que diga no vale la pena.
Desde el balcón
Amanecen los días con el vuelo incesante de los vencejos y su canto. Son aves que no tocan tierra y duermen en el aire y se reproducen en lo alto del cielo, cuando ya nadie mira. Nunca dejan de volar. Uno las ve desde la cama, temprano, y siente que surca el aire de la madrugada con sus alas incansables mientras bebe café. Vienen acá desde hace más de ocho siglos.
Y uno oye el alboroto mientras prepara la comida, y sale al balcón con la copa de malta, y ve a una urraca que ataca a un vencejo, y un señor que pasa interviene para detener el ataque. La urraca se va, y el vencejo queda inmóvil junto a la muralla. Uno baja a ver. El ave se movió. Envuelve al vencejo con toallas de papel, camina hasta el depósito de cartón y encuentra una caja que un vecino agujera con un lapicero, y deposita al vencejo inmóvil.
La curiosidad es grande. Uno improvisa un gotero, mezcla agua con azúcar, y deja caer unas gotas junto al pico del pájaro, que abre un ojo y bebe con avidez. Luego vuelve a quedar inmóvil. Uno llama al centro de rescate animal más próximo, que queda en otro pueblo, y cuenta lo que pasó. La señora del centro asegura que esa misma tarde o al otro día irá alguien a recoger al vencejo, que es especie protegida.
Al otro día, domingo, llega una camioneta con sellos oficiales, y un señor se lleva la caja con el vencejo. El lunes uno llama para saber qué fue del pájaro. Se está recuperando. El martes llega la camioneta del domingo, se detiene frente a la muralla, y el hombre saca la caja y toma el vencejo en sus manos, y lo echa al aire. El vencejo se va, vivo y volando. Ya tiene nombre: se llama Lázaro. O Lázara.
Y uno sale al balcón y ve volar a los vencejos, y alza la copa de malta y brinda por la buena noticia.
Más allá de la desafortunada declaración presidencial, que violenta el derecho a la libertad de expresión, si uno ve este cuadro sin apresuramiento ni pasión, encontrará varios inconvenientes. El primero, que la señora Sheinbaum usa sus conferencias de prensa para atacar, difamar y criticar a sus críticos en nombre de un presunto derecho de réplica. Pero los gobiernos no tienen derecho de réplica, ni deberían usar la infraestructura de la Presidencia para denigrar a quienes no están de acuerdo con ellos.
Para los ciudadanos, lo que no está prohibido por la ley está permitido. En cambio, la autoridad pública sólo puede hacer lo que la ley le permite, con habilitación expresa. Y la última vez que busqué no pude hallar la parte de la ley que autoriza o manda las conferencias diarias de prensa de la presidenta, o del señor que se fue a su rancho, que fue quien inventó los maratones mañaneros sin orden ni concierto.
Los inventos de los medios
El segundo inconveniente del discurso presidencial – aun para sorpresa de la heredera – es que los medios no están al servicio del gobierno. Los medios no inventaron al hermano del expresidente recibiendo sobres con dinero "para el movimiento". Los medios no inventan las matanzas, las desapariciones, las extorsiones que sufren los mexicanos cada día y prácticamente en todas partes. Los medios no inventaron un tren que pierde diez millones de pesos diarios, que se suman a los tres mil seiscientos cuarenta y nueve millones que perdió el año pasado pese a los subsidios que recibe.
Los medios no inventan la corrupción que vive en las filas de Morena, ni inventan los viajes de funcionarios y políticos al extranjero, ni inventan la vida de nuevos ricos de muchos morenistas, ni inventaron la idea de que el grupo en el poder debe vivir con austeridad y modestia, como varias veces ha declarado la presidenta a los morenistas que la ignoran.
Los medios no inventaron los cargos de Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya y otros funcionarios mexicanos, y los medios no inventaron los pretextos de las autoridades para defender a los señalados. Los medios no inventaron la inflación ni el alza de precios de la canasta básica, ni inventaron la caída crediticia de México en los índices de las empresas calificadoras.
Los medios cuentan la historia de lo inmediato, y tienen derecho a disentir de las políticas públicas. Los comentócratas mentirosos, como los llama la presidenta, también son mexicanos y dicen lo que ven, o lo que piensan, porque ver y pensar no son delitos.
Pero no: es claro que la señora Sheinbaum gobierna solamente para los morenistas y no para todos los mexicanos. Y los mexicanos tienen que estar listos para obedecer, y hacer y pensar lo que les digan. Quien no lo haga es oposición y lo que piense y lo que diga no vale la pena.
Desde el balcón
Amanecen los días con el vuelo incesante de los vencejos y su canto. Son aves que no tocan tierra y duermen en el aire y se reproducen en lo alto del cielo, cuando ya nadie mira. Nunca dejan de volar. Uno las ve desde la cama, temprano, y siente que surca el aire de la madrugada con sus alas incansables mientras bebe café. Vienen acá desde hace más de ocho siglos.
Y uno oye el alboroto mientras prepara la comida, y sale al balcón con la copa de malta, y ve a una urraca que ataca a un vencejo, y un señor que pasa interviene para detener el ataque. La urraca se va, y el vencejo queda inmóvil junto a la muralla. Uno baja a ver. El ave se movió. Envuelve al vencejo con toallas de papel, camina hasta el depósito de cartón y encuentra una caja que un vecino agujera con un lapicero, y deposita al vencejo inmóvil.
La curiosidad es grande. Uno improvisa un gotero, mezcla agua con azúcar, y deja caer unas gotas junto al pico del pájaro, que abre un ojo y bebe con avidez. Luego vuelve a quedar inmóvil. Uno llama al centro de rescate animal más próximo, que queda en otro pueblo, y cuenta lo que pasó. La señora del centro asegura que esa misma tarde o al otro día irá alguien a recoger al vencejo, que es especie protegida.
Al otro día, domingo, llega una camioneta con sellos oficiales, y un señor se lleva la caja con el vencejo. El lunes uno llama para saber qué fue del pájaro. Se está recuperando. El martes llega la camioneta del domingo, se detiene frente a la muralla, y el hombre saca la caja y toma el vencejo en sus manos, y lo echa al aire. El vencejo se va, vivo y volando. Ya tiene nombre: se llama Lázaro. O Lázara.
Y uno sale al balcón y ve volar a los vencejos, y alza la copa de malta y brinda por la buena noticia.