9 de abril de 2026
alcalorpolitico.com
Como hacía el señor que se fue a su rancho, la presidenta Claudia Sheinbaum y sus empleados recurrieron a la descalificación cuando el Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada, CED por sus siglas en inglés, dio a conocer su reporte sobre México. Los integrantes del CED declararon que pensaban en remitir el tema a la Asamblea General de la ONU "tras haber solicitado del Estado parte interesado toda la información pertinente sobre esa situación".
Pero eso no fue ayer sino hace casi un año. Y de inmediato saltaron los adjetivos. El senador Gerardo Fernández Noroña declaró que él y su partido y quién sabe cuántos más iban a recurrir "a las más altas instancias de Naciones Unidas (sic) para exigir la sanción correspondiente al citado funcionario (cuyo nombre no especificó el iluminado legislador) porque alienta la falsa e injusta especulación de que hay desapariciones forzadas en México". De ese tamaño.
Pasó el tiempo y el asunto volvió a cobrar vida. Esta vez fue la propia señora Sheinbaum la que inició el coro de descalificaciones del informe "inaceptable", "tendencioso", "injerencista", "inexacto". Sus portavoces, que no son pocos, acusaron al Comité de usar cifras del pasado y no tomar en cuenta ni los avances ni el esfuerzo del gobierno mexicano ante las desapariciones. La presidenta fue más allá: dijo que el informe era sólo de un comité y no de las Naciones Unidas.
Pero los reportes siempre reconocen los aspectos positivos, y el del comité habla sobre los esfuerzos del gobierno mexicano para resolver el problema, y subraya la importancia de la cooperación en situaciones como la que nos ocupa. Sin embargo, lo que mejor retrata la inocencia política del gobierno es que parece que nadie recordó que México ratificó los términos de la convención en febrero de hace diecinueve años, por lo que nadie puede alegar injerencia del comité en un asunto que el propio Estado mexicano abrió a la vigilancia y la supervisión internacional.
Y más de ciento treinta mil desaparecidos no son poca cosa, aunque la responsabilidad haya sido de Felipe Calderón, de Enrique Peña Nieto o de hasta el mismo señor que – como se sabe – se fue sin irse a su rancho. La señora Sheinbaum lamenta que el informe no reconozca el esfuerzo del gobierno de México. Tiene razón. La misión del comité es informar sobre los desaparecidos. Todos los desaparecidos, antes y después, y para siempre, son mexicanos. Eso tendría que preocuparle a la presidenta y a todos.
No, señora Nahle
Informar sobre el derrame de petróleo que afectó cientos de kilómetros de playas – y no sólo veracruzanas – no es atacarla a usted ni atacar a Veracruz. Es informar. No puede usted negar, por más que trate de hacerlo, que murió vida marina – fauna y flora –, que se recogieron cientos de kilos de lo que usted llamó gotas de chapapote, y no puede decir con precisión de dónde vino todo ese combustible. Ni siquiera la presidenta Sheinbaum lo sabe, aunque ustedes dos han emitido declaraciones contradictorias sobre toda esta vaina.
Usted no es Veracruz. Y no hay una operación de nado sincronizado contra usted. En mi caso, ni siquiera sé nadar. Pero sé leer lo que dicen los medios críticos y los medios afines a su gobierno y a su partido.
He leído, por ejemplo, el argumento cojo de quien preside la Comisión Estatal de Ayuda y Protección a Periodistas y alega que sus malquerientes mienten cuando afirman que las playas veracruzanas están contaminadas y representan – o representaban – un riesgo para los visitantes. Tal vez no se enteró de que se recogieron cientos de kilos de gotas de chapapote.
Pero eso es lo de menos. El señor asegura que la narrativa "se desmorona cuando se contrasta con la realidad documentada", y cita las cifras de ocupación hotelera de quienes "lejos de huir, han elegido a Veracruz como destino". Como si el hecho de que los turistas vinieran a Veracruz borrara el hecho de que las playas se habían contaminado, o que el número de visitantes borrara el daño ecológico que causó el derrame.
No. No hay nada contra usted. La queja es que la información que usted ha ofrecido no es consistente. Un día el derrame se produjo en un barco fantasma de una empresa que favoreció el gobierno de Enrique Peña Nieto, lo que le pareció a usted suficiente para responsabilizar a los de antes por lo que pasa ahora. Otro día dijo que se trataba de chapapoteras naturales. Otro día dijo usted que Pemex no tenía que ver con el caso. Pero ni la presidenta Sheinbaum, tal vez mejor informada, ha podido aclarar el origen de la mancha que inundó las costas.
Lo fácil es culpar a quienes informan. Lo que hacen los medios que la critican es ejercer su derecho a la crítica. A juzgar lo que hacen y dejan de hacer los funcionarios electos. Y como usted es la única persona del gobierno que hace declaraciones, la juzgan por lo que usted dice. Y por lo que hace y deja de hacer.
Desde el balcón
Uno sale al balcón. La vida pasa. Todo el día fue miércoles, y llovía. Otra vez llovía. Los castaños de la Corredera comenzaron a florecer. La malta es tibia, y un sol tímido asoma con la promesa de mejores tiempos. Aunque quién sabe.
Pero eso no fue ayer sino hace casi un año. Y de inmediato saltaron los adjetivos. El senador Gerardo Fernández Noroña declaró que él y su partido y quién sabe cuántos más iban a recurrir "a las más altas instancias de Naciones Unidas (sic) para exigir la sanción correspondiente al citado funcionario (cuyo nombre no especificó el iluminado legislador) porque alienta la falsa e injusta especulación de que hay desapariciones forzadas en México". De ese tamaño.
Pasó el tiempo y el asunto volvió a cobrar vida. Esta vez fue la propia señora Sheinbaum la que inició el coro de descalificaciones del informe "inaceptable", "tendencioso", "injerencista", "inexacto". Sus portavoces, que no son pocos, acusaron al Comité de usar cifras del pasado y no tomar en cuenta ni los avances ni el esfuerzo del gobierno mexicano ante las desapariciones. La presidenta fue más allá: dijo que el informe era sólo de un comité y no de las Naciones Unidas.
Pero los reportes siempre reconocen los aspectos positivos, y el del comité habla sobre los esfuerzos del gobierno mexicano para resolver el problema, y subraya la importancia de la cooperación en situaciones como la que nos ocupa. Sin embargo, lo que mejor retrata la inocencia política del gobierno es que parece que nadie recordó que México ratificó los términos de la convención en febrero de hace diecinueve años, por lo que nadie puede alegar injerencia del comité en un asunto que el propio Estado mexicano abrió a la vigilancia y la supervisión internacional.
Y más de ciento treinta mil desaparecidos no son poca cosa, aunque la responsabilidad haya sido de Felipe Calderón, de Enrique Peña Nieto o de hasta el mismo señor que – como se sabe – se fue sin irse a su rancho. La señora Sheinbaum lamenta que el informe no reconozca el esfuerzo del gobierno de México. Tiene razón. La misión del comité es informar sobre los desaparecidos. Todos los desaparecidos, antes y después, y para siempre, son mexicanos. Eso tendría que preocuparle a la presidenta y a todos.
No, señora Nahle
Informar sobre el derrame de petróleo que afectó cientos de kilómetros de playas – y no sólo veracruzanas – no es atacarla a usted ni atacar a Veracruz. Es informar. No puede usted negar, por más que trate de hacerlo, que murió vida marina – fauna y flora –, que se recogieron cientos de kilos de lo que usted llamó gotas de chapapote, y no puede decir con precisión de dónde vino todo ese combustible. Ni siquiera la presidenta Sheinbaum lo sabe, aunque ustedes dos han emitido declaraciones contradictorias sobre toda esta vaina.
Usted no es Veracruz. Y no hay una operación de nado sincronizado contra usted. En mi caso, ni siquiera sé nadar. Pero sé leer lo que dicen los medios críticos y los medios afines a su gobierno y a su partido.
He leído, por ejemplo, el argumento cojo de quien preside la Comisión Estatal de Ayuda y Protección a Periodistas y alega que sus malquerientes mienten cuando afirman que las playas veracruzanas están contaminadas y representan – o representaban – un riesgo para los visitantes. Tal vez no se enteró de que se recogieron cientos de kilos de gotas de chapapote.
Pero eso es lo de menos. El señor asegura que la narrativa "se desmorona cuando se contrasta con la realidad documentada", y cita las cifras de ocupación hotelera de quienes "lejos de huir, han elegido a Veracruz como destino". Como si el hecho de que los turistas vinieran a Veracruz borrara el hecho de que las playas se habían contaminado, o que el número de visitantes borrara el daño ecológico que causó el derrame.
No. No hay nada contra usted. La queja es que la información que usted ha ofrecido no es consistente. Un día el derrame se produjo en un barco fantasma de una empresa que favoreció el gobierno de Enrique Peña Nieto, lo que le pareció a usted suficiente para responsabilizar a los de antes por lo que pasa ahora. Otro día dijo que se trataba de chapapoteras naturales. Otro día dijo usted que Pemex no tenía que ver con el caso. Pero ni la presidenta Sheinbaum, tal vez mejor informada, ha podido aclarar el origen de la mancha que inundó las costas.
Lo fácil es culpar a quienes informan. Lo que hacen los medios que la critican es ejercer su derecho a la crítica. A juzgar lo que hacen y dejan de hacer los funcionarios electos. Y como usted es la única persona del gobierno que hace declaraciones, la juzgan por lo que usted dice. Y por lo que hace y deja de hacer.
Desde el balcón
Uno sale al balcón. La vida pasa. Todo el día fue miércoles, y llovía. Otra vez llovía. Los castaños de la Corredera comenzaron a florecer. La malta es tibia, y un sol tímido asoma con la promesa de mejores tiempos. Aunque quién sabe.