1 de mayo de 2026
alcalorpolitico.com
Pasa una semana y pasan cosas en Veracruz. Más de cinco mil profesores de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz siguen sin recibir sueldo, y algunos de ellos llevan un año y más trabajando sin paga. Según David Agustín Jiménez Rojas, subsecretario de Educación Media y Superior, "el atraso no se debe a la falta de recursos sino a inconsistencias administrativas" que no se han podido resolver en todos esos meses.
Los trabajadores de Limpiaver – una empresa que inventó el gobierno de Veracruz para ofrecer trato respetuoso y condiciones justas para quienes limpian hospitales y otros edificios públicos – se quejan de que su situación empeoró desde que trabajan para el sector público.
Por ejemplo, quienes están asignados el Instituto Veracruzano de Salud Mental, Dr Rafael Velasco Fernández, aseguran que siguen recibiendo presiones para renunciar, que siguen sin contratos definidos, y que tienen que hacer cosas que nada tienen que ver con sus funciones. No pueden calentar sus alimentos en horas de trabajo, pero tienen que limpiar jardines o lavar ambulancias.
Los pescadores del norte y del sur de Veracruz afectados por el derrame de Pemex que contaminó playas del estado siguen sin recibir ayuda alguna, y han llegado al extremo de bloquear carreteras y puentes exigiendo lo que les ofrecieron y lo que les deben, porque las autoridades con las que han tratado ofrecen pero no cumplen.
Los damnificados por las inundaciones de octubre no se han recuperado, y siguen sin recibir la ayuda que les ofrecieron los gobiernos federal y estatal. Y la lista sigue. Cualquiera pensaría que la palabra del gobierno se reduce a palabras pero no se traduce en hechos. Y entre más digan y menos hagan, la confianza –que es un animal huidizo– se pierde. Llegará el día en que no les crean nada.
La raíz del árbol del problema
Es claro que el problema del gobierno –el gobierno federal y el gobierno estatal, en este caso de un pájaro las dos alas– es doble: no es tan efectivo como el propio gobierno piensa, y no conoce el valor de la verdad. Después de oír una y otra vez que quienes mandan no tienen idea de lo que está pasando, después de descubrir que en realidad mintieron, no queda mucho para donde correr.
Machado advirtió que el ojo que ves no es ojo porque lo veas, es ojo porque te ve. Y la verdad, que es terca, no se ajusta a lo que digan las voceras oficiales, en ambos casos la presidenta y la gobernadora. La verdad es lo que es, no necesariamente lo que ellas dicen que es.
La fiesta del dinero
Ahí está el caso de la bursatilización. Uno de los pocos funcionarios que ha cobrado vida pública es el secretario de Finanzas y Planeación de Veracruz, Miguel Santiago Reyes Hernández, quien anunció lo que algunos calificaron de estrategia financiera inédita que podría aliviar la deuda de casi doscientos municipios que comprometieron los impuestos a la tenencia vehicular por adelantos garantizados con las participaciones federales.
Lo mismo dijeron Fidel y Javier, y Cuitláhuac. Prometieron que la deuda iba a disminuir, o que sería más fácil pagarla, y así nos fue. Después de las mentiras que ha propagado el discurso oficial, no es fácil creer que digan la verdad.
Desde el balcón
Uno vuelve al balcón de la sala y mira el paseo húmedo, la plaza húmeda, el horizonte húmedo, después de un par de días en Baiona, frente al Atlántico que en la bahía es pacífico, deslumbrado por las luces de Nigrán al amanecer, pensando que hace ciento noventa y cuatro mil quinientos cuarenta y tantos días, el primero de marzo, un jueves, ancló aquí La Pinta, al mando de Martín Alonso Pinzón, para anunciar el descubrimiento de un nuevo mundo.
Uno bebe un trago generoso de malta y evoca lo que vio en la réplica de La Pinta, una nave pequeña donde se hacinaban veintitantos marineros y lo que llevaban en su viaje a terra incognita, y lo que trajeron de allá: de ida barriles de aguardiente y vino y agua –en ese orden–, galletas, jamones, chorizos, ropa, y de regreso maíz, papas (papa, te llamas papa y no patata, no naciste con barbas, no eres castellana), calabazas, mandioca, y tres cautivos, uno de los cuales murió al poco tiempo.
Uno se recupera del viaje, del dolce far niente, del aire marino, y sabe que para todo hay un después, aunque no sepamos cuándo ni cómo.
Los trabajadores de Limpiaver – una empresa que inventó el gobierno de Veracruz para ofrecer trato respetuoso y condiciones justas para quienes limpian hospitales y otros edificios públicos – se quejan de que su situación empeoró desde que trabajan para el sector público.
Por ejemplo, quienes están asignados el Instituto Veracruzano de Salud Mental, Dr Rafael Velasco Fernández, aseguran que siguen recibiendo presiones para renunciar, que siguen sin contratos definidos, y que tienen que hacer cosas que nada tienen que ver con sus funciones. No pueden calentar sus alimentos en horas de trabajo, pero tienen que limpiar jardines o lavar ambulancias.
Los pescadores del norte y del sur de Veracruz afectados por el derrame de Pemex que contaminó playas del estado siguen sin recibir ayuda alguna, y han llegado al extremo de bloquear carreteras y puentes exigiendo lo que les ofrecieron y lo que les deben, porque las autoridades con las que han tratado ofrecen pero no cumplen.
Los damnificados por las inundaciones de octubre no se han recuperado, y siguen sin recibir la ayuda que les ofrecieron los gobiernos federal y estatal. Y la lista sigue. Cualquiera pensaría que la palabra del gobierno se reduce a palabras pero no se traduce en hechos. Y entre más digan y menos hagan, la confianza –que es un animal huidizo– se pierde. Llegará el día en que no les crean nada.
La raíz del árbol del problema
Es claro que el problema del gobierno –el gobierno federal y el gobierno estatal, en este caso de un pájaro las dos alas– es doble: no es tan efectivo como el propio gobierno piensa, y no conoce el valor de la verdad. Después de oír una y otra vez que quienes mandan no tienen idea de lo que está pasando, después de descubrir que en realidad mintieron, no queda mucho para donde correr.
Machado advirtió que el ojo que ves no es ojo porque lo veas, es ojo porque te ve. Y la verdad, que es terca, no se ajusta a lo que digan las voceras oficiales, en ambos casos la presidenta y la gobernadora. La verdad es lo que es, no necesariamente lo que ellas dicen que es.
La fiesta del dinero
Ahí está el caso de la bursatilización. Uno de los pocos funcionarios que ha cobrado vida pública es el secretario de Finanzas y Planeación de Veracruz, Miguel Santiago Reyes Hernández, quien anunció lo que algunos calificaron de estrategia financiera inédita que podría aliviar la deuda de casi doscientos municipios que comprometieron los impuestos a la tenencia vehicular por adelantos garantizados con las participaciones federales.
Lo mismo dijeron Fidel y Javier, y Cuitláhuac. Prometieron que la deuda iba a disminuir, o que sería más fácil pagarla, y así nos fue. Después de las mentiras que ha propagado el discurso oficial, no es fácil creer que digan la verdad.
Desde el balcón
Uno vuelve al balcón de la sala y mira el paseo húmedo, la plaza húmeda, el horizonte húmedo, después de un par de días en Baiona, frente al Atlántico que en la bahía es pacífico, deslumbrado por las luces de Nigrán al amanecer, pensando que hace ciento noventa y cuatro mil quinientos cuarenta y tantos días, el primero de marzo, un jueves, ancló aquí La Pinta, al mando de Martín Alonso Pinzón, para anunciar el descubrimiento de un nuevo mundo.
Uno bebe un trago generoso de malta y evoca lo que vio en la réplica de La Pinta, una nave pequeña donde se hacinaban veintitantos marineros y lo que llevaban en su viaje a terra incognita, y lo que trajeron de allá: de ida barriles de aguardiente y vino y agua –en ese orden–, galletas, jamones, chorizos, ropa, y de regreso maíz, papas (papa, te llamas papa y no patata, no naciste con barbas, no eres castellana), calabazas, mandioca, y tres cautivos, uno de los cuales murió al poco tiempo.
Uno se recupera del viaje, del dolce far niente, del aire marino, y sabe que para todo hay un después, aunque no sepamos cuándo ni cómo.