6 de marzo de 2026
alcalorpolitico.com
Primero hay que seguir hablando de la reforma electoral que – tal vez, por fin – discutirá el Congreso esta semana aunque sólo sea para disimular, porque el partido de la presidenta Claudia Sheinbaum no tiene los votos suficientes para que los diputados aprueben todo lo que busca la iniciativa, que muchos consideran retrógrada y perjudicial para el sistema político mexicano.
El mismo texto del documento que recibió el Congreso reconoce que "durante el siglo XX, el sistema político transitó de un esquema de hegemonía de un partido hacia uno de pluralidad y competencia. Las reformas electorales de 1977, 1990, 1996, 2007, y 2014 respondieron a exigencias sociales y políticas concretas: mayor democracia, ampliar la representación, autonomía de la autoridad electoral, equidad en la contienda y control del financiamiento a los partidos políticos". Pero eso fue lo de menos.
El discurso oficial afirma que la reforma busca modernizar el sistema y dar más poder a los ciudadanos, y presume que hubo sesenta y tres audiencias públicas en las que se presentaron mil trescientas cincuenta y siete propuestas, pero hasta hoy no sabemos qué decían ni qué parte de esas propuestas se incorporaron al texto de la iniciativa. El texto que acompaña al proyecto de reforma parece decir que todas las propuestas estuvieron de acuerdo con la necesidad de cambio.
Tampoco se sabe cómo van a tener más poder los ciudadanos con la desaparición de los senadores plurinominales, con la reducción del financiamiento a los partidos políticos, con el peligro de desaparecer el programa de resultados electorales preliminares, y otras minucias que contribuirán a cambiar la forma de la representación popular. No se saben muchas cosas, porque desde la perspectiva oficial no es necesario que se sepa ni se discuta la propuesta.
La comisión presidencial que redactó la reforma – señala el Laboratorio Electoral – fue creada desde el gobierno, con personas cuyos perfiles son afines al gobierno y con escasa o nula experiencia en la materia electoral, la cual además carece de propósitos claros y definidos.
Lo que se busca, señala el Laboratorio Electoral, es "la validación popular de un proyecto político en el que no hay cabida para la oposición ni para la disidencia", con el argumento de que "la reforma es necesaria para la congruencia con la situación política que impera en la actualidad, y para cumplir con un supuesto mandato programático expresado por la mayoría del pueblo".
Quién sabe cuándo se expresó esa mayoría, quién sabe cuántos expresaron qué cosa. La vaina es ganar a toda costa. Lo que parece es que se está cumpliendo la profecía del señor que se fue a su rancho: lo que acaba a los partidos es el pragmatismo, la falta de principios, el buscar triunfar a toda costa, sin escrúpulos morales de ninguna índole, la ambición del poder por el poder. Es cuestión de tiempo y de reformas para que haya en México un partido hegemónico.
Ya lo advertía Gustavo Sáinz: De regeneración en regeneración, los regeneradores se degeneran con mayor degeneración. O algo así.
En serio
Cuando pensaba que ya había pasado el tiempo en que la legislatura veracruzana hacía leyes a lo loco, plagadas de tonterías, llenas de erratas y sandeces, se topa uno con la noticia de que la Suprema Corte invalidó una disposición de la Ley de Inquilinato del estado que obligaba a los propietarios de viviendas en renta a conseguir otro inmueble al inquilino cuando solicitaran la desocupación del bien arrendado, como bien informa José Topete, de alcalorpolitico.com.
La disposición de hace ochenta y nueve años llegó a los tribunales a finales de los cincuenta, y se resolvió esta semana. Para que uno tenga idea de la velocidad con la que se mueve la justicia en México, y de la profunda ignorancia de quienes hacen las leyes, antes y ahora. En serio.
Desde el balcón
Uno sale al balcón cuando las campanas dan las seis de la tarde: primero se oyen las de la iglesia al final del paseo de la Corredera, después las de la plaza de la Inmaculada, y después las de Catedral, porque aquí el tiempo todavía es asunto eclesiástico. Pero las seis son las seis, con campanas y sin ellas. El cielo tiene una luz que alegra el corazón e ilumina la malta, y anuncia la primavera que llega, imperceptible, sin decir a quién sirve ni para qué sirve.
El mismo texto del documento que recibió el Congreso reconoce que "durante el siglo XX, el sistema político transitó de un esquema de hegemonía de un partido hacia uno de pluralidad y competencia. Las reformas electorales de 1977, 1990, 1996, 2007, y 2014 respondieron a exigencias sociales y políticas concretas: mayor democracia, ampliar la representación, autonomía de la autoridad electoral, equidad en la contienda y control del financiamiento a los partidos políticos". Pero eso fue lo de menos.
El discurso oficial afirma que la reforma busca modernizar el sistema y dar más poder a los ciudadanos, y presume que hubo sesenta y tres audiencias públicas en las que se presentaron mil trescientas cincuenta y siete propuestas, pero hasta hoy no sabemos qué decían ni qué parte de esas propuestas se incorporaron al texto de la iniciativa. El texto que acompaña al proyecto de reforma parece decir que todas las propuestas estuvieron de acuerdo con la necesidad de cambio.
Tampoco se sabe cómo van a tener más poder los ciudadanos con la desaparición de los senadores plurinominales, con la reducción del financiamiento a los partidos políticos, con el peligro de desaparecer el programa de resultados electorales preliminares, y otras minucias que contribuirán a cambiar la forma de la representación popular. No se saben muchas cosas, porque desde la perspectiva oficial no es necesario que se sepa ni se discuta la propuesta.
La comisión presidencial que redactó la reforma – señala el Laboratorio Electoral – fue creada desde el gobierno, con personas cuyos perfiles son afines al gobierno y con escasa o nula experiencia en la materia electoral, la cual además carece de propósitos claros y definidos.
Lo que se busca, señala el Laboratorio Electoral, es "la validación popular de un proyecto político en el que no hay cabida para la oposición ni para la disidencia", con el argumento de que "la reforma es necesaria para la congruencia con la situación política que impera en la actualidad, y para cumplir con un supuesto mandato programático expresado por la mayoría del pueblo".
Quién sabe cuándo se expresó esa mayoría, quién sabe cuántos expresaron qué cosa. La vaina es ganar a toda costa. Lo que parece es que se está cumpliendo la profecía del señor que se fue a su rancho: lo que acaba a los partidos es el pragmatismo, la falta de principios, el buscar triunfar a toda costa, sin escrúpulos morales de ninguna índole, la ambición del poder por el poder. Es cuestión de tiempo y de reformas para que haya en México un partido hegemónico.
Ya lo advertía Gustavo Sáinz: De regeneración en regeneración, los regeneradores se degeneran con mayor degeneración. O algo así.
En serio
Cuando pensaba que ya había pasado el tiempo en que la legislatura veracruzana hacía leyes a lo loco, plagadas de tonterías, llenas de erratas y sandeces, se topa uno con la noticia de que la Suprema Corte invalidó una disposición de la Ley de Inquilinato del estado que obligaba a los propietarios de viviendas en renta a conseguir otro inmueble al inquilino cuando solicitaran la desocupación del bien arrendado, como bien informa José Topete, de alcalorpolitico.com.
La disposición de hace ochenta y nueve años llegó a los tribunales a finales de los cincuenta, y se resolvió esta semana. Para que uno tenga idea de la velocidad con la que se mueve la justicia en México, y de la profunda ignorancia de quienes hacen las leyes, antes y ahora. En serio.
Desde el balcón
Uno sale al balcón cuando las campanas dan las seis de la tarde: primero se oyen las de la iglesia al final del paseo de la Corredera, después las de la plaza de la Inmaculada, y después las de Catedral, porque aquí el tiempo todavía es asunto eclesiástico. Pero las seis son las seis, con campanas y sin ellas. El cielo tiene una luz que alegra el corazón e ilumina la malta, y anuncia la primavera que llega, imperceptible, sin decir a quién sirve ni para qué sirve.