16 de enero de 2026
alcalorpolitico.com
Ya nos acostumbramos. Todos los días nos enteramos de nuevos asesinatos, y todos los días oímos a funcionarios – y funcionarias – que aseguran que no habrá impunidad. Pero ya nos acostumbramos también a la impunidad, porque cada vez que llega un nuevo gobierno declara que los gobiernos y las instituciones del pasado eran corruptos, aunque no ha pisado la cárcel ninguno de los presuntos culpables ni se ha recuperado un peso de los dineros perdidos.
Ya nos acostumbramos a las promesas de funcionarios – y funcionarias – que ofrecen que se pagarán los salarios que se deben, las deudas que se tienen. Ya nos acostumbramos a escuchar que esta vez sí habrá medicinas en todos los hospitales, que se terminarán las obras inconclusas y se harán otras nuevas. Ya nos acostumbramos a que nos digan que el dinero no es problema.
Nuestra capacidad de escandalizarnos o de encabronarnos es cada vez menor. Y uno de los ejemplos más tristes es la situación que viven los trabajadores de la empresa LEIH (Limpieza Especializada Industrial y Hospitalaria), a quienes no les han pagado todo lo que les deben ni les han dado otras prestaciones, y no tienen contratos ni seguridad social ni otras cosas a las que tendrían derecho.
En protesta, esta semana bloquearon una avenida de Xalapa frente al Centro de Alta Especialidad, porque – según algunos trabajadores – la empresa informó que "los recursos ya fueron liberados", que en español común y corriente quiere decir que el gobierno ya pagó, pero la empresa no paga ni tiene para cuándo. Y la palabra de la gobernadora Rocío Nahle sigue en entredicho. En agosto del año pasado, la funcionaria declaró que no se renovaría el contrato de LEIH, que venció ese mes, y la empresa siguió cobrando como si nada. También la gobernadora. Ya nos acostumbramos.
Cinco meses después, doña Rocío anunció la creación de Limpiaver, que contratará al personal de LEIH, y declaró – como en agosto del año pasado – que la empresa tiene que pagar los adeudos laborales pendientes con sus trabajadores. Tal vez sí, tal vez no. Pero ya nos acostumbramos.
Hay otros ejemplos. Quien ocupa la secretaría de Educación señala cada vez que puede que en la institución hay personas que cobran sin trabajar, y que eso viene del gobierno anterior. A lo más que llegan los vociferantes funcionarios es a anunciar que se retendrán los salarios de los aviadores "y se realizarán los procedimientos administrativos que se deban hacer". Pero no se sabe cuáles son esos procedimientos ni se sabe si se han realizado.
Lo mismo pasa en otras partes de la administración. Entre enero y noviembre del año pasado, la Fiscalía General de Veracruz reportó que había integrado setecientas ochenta carpetas de investigación por delitos cometidos por servidores públicos. Hasta ahora no se sabe qué pasó con esas carpetas, ni con los funcionarios implicados.
Pero nada de eso importa, porque ya nos acostumbramos, como ya nos acostumbramos a que los funcionarios – y las funcionarias – hagan denuncias públicas y no presenten demandas formales, omisión que convierte en cómplice a quien no acusa a los presuntos delincuentes de manera formal.
Es triste. Los que ahora mandan ofrecieron tanto, y les creímos, y terminamos por acostumbrarnos a sus mentiras.
Desde el balcón
Llueve. Pero en Galicia llueve, excepto cuando no llueve. Ya comenzaron a quitar los adornos navideños en las calles del centro histórico, y el bar de Boby cerró por remodelación. Todo parece vacío, aunque la algarabía de los niños que juegan en el paseo llena los atardeceres y las noches. Uno sale al balcón con una malta estratégica en la mano por aquello del frío, y contempla su nueva vida, lejos de otras partes donde ha vivido.
Pero ni la lluvia ni la malta hacen que uno piense en esos lugares. No. Uno piensa en el petróleo que México manda a Cuba desde hace años sin rendir cuentas. Uno sabe que hay periodistas que intentaron conseguir información sobre los contratos del abasto de gasolina a la isla, y sabe que esa información no la tiene Pemex ni la secretaría de Energía sino la empresa privada Gasolinas Bienestar, Sociedad Anónima , creada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, y nada tiene que ver con Gasolinas del Bienestar, que sirve para otras cosas, menos para la transparencia.
Y sigue lloviendo. En la cocina espera una sopa de algo y una botella de Ribeiro.
Ya nos acostumbramos a las promesas de funcionarios – y funcionarias – que ofrecen que se pagarán los salarios que se deben, las deudas que se tienen. Ya nos acostumbramos a escuchar que esta vez sí habrá medicinas en todos los hospitales, que se terminarán las obras inconclusas y se harán otras nuevas. Ya nos acostumbramos a que nos digan que el dinero no es problema.
Nuestra capacidad de escandalizarnos o de encabronarnos es cada vez menor. Y uno de los ejemplos más tristes es la situación que viven los trabajadores de la empresa LEIH (Limpieza Especializada Industrial y Hospitalaria), a quienes no les han pagado todo lo que les deben ni les han dado otras prestaciones, y no tienen contratos ni seguridad social ni otras cosas a las que tendrían derecho.
En protesta, esta semana bloquearon una avenida de Xalapa frente al Centro de Alta Especialidad, porque – según algunos trabajadores – la empresa informó que "los recursos ya fueron liberados", que en español común y corriente quiere decir que el gobierno ya pagó, pero la empresa no paga ni tiene para cuándo. Y la palabra de la gobernadora Rocío Nahle sigue en entredicho. En agosto del año pasado, la funcionaria declaró que no se renovaría el contrato de LEIH, que venció ese mes, y la empresa siguió cobrando como si nada. También la gobernadora. Ya nos acostumbramos.
Cinco meses después, doña Rocío anunció la creación de Limpiaver, que contratará al personal de LEIH, y declaró – como en agosto del año pasado – que la empresa tiene que pagar los adeudos laborales pendientes con sus trabajadores. Tal vez sí, tal vez no. Pero ya nos acostumbramos.
Hay otros ejemplos. Quien ocupa la secretaría de Educación señala cada vez que puede que en la institución hay personas que cobran sin trabajar, y que eso viene del gobierno anterior. A lo más que llegan los vociferantes funcionarios es a anunciar que se retendrán los salarios de los aviadores "y se realizarán los procedimientos administrativos que se deban hacer". Pero no se sabe cuáles son esos procedimientos ni se sabe si se han realizado.
Lo mismo pasa en otras partes de la administración. Entre enero y noviembre del año pasado, la Fiscalía General de Veracruz reportó que había integrado setecientas ochenta carpetas de investigación por delitos cometidos por servidores públicos. Hasta ahora no se sabe qué pasó con esas carpetas, ni con los funcionarios implicados.
Pero nada de eso importa, porque ya nos acostumbramos, como ya nos acostumbramos a que los funcionarios – y las funcionarias – hagan denuncias públicas y no presenten demandas formales, omisión que convierte en cómplice a quien no acusa a los presuntos delincuentes de manera formal.
Es triste. Los que ahora mandan ofrecieron tanto, y les creímos, y terminamos por acostumbrarnos a sus mentiras.
Desde el balcón
Llueve. Pero en Galicia llueve, excepto cuando no llueve. Ya comenzaron a quitar los adornos navideños en las calles del centro histórico, y el bar de Boby cerró por remodelación. Todo parece vacío, aunque la algarabía de los niños que juegan en el paseo llena los atardeceres y las noches. Uno sale al balcón con una malta estratégica en la mano por aquello del frío, y contempla su nueva vida, lejos de otras partes donde ha vivido.
Pero ni la lluvia ni la malta hacen que uno piense en esos lugares. No. Uno piensa en el petróleo que México manda a Cuba desde hace años sin rendir cuentas. Uno sabe que hay periodistas que intentaron conseguir información sobre los contratos del abasto de gasolina a la isla, y sabe que esa información no la tiene Pemex ni la secretaría de Energía sino la empresa privada Gasolinas Bienestar, Sociedad Anónima , creada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, y nada tiene que ver con Gasolinas del Bienestar, que sirve para otras cosas, menos para la transparencia.
Y sigue lloviendo. En la cocina espera una sopa de algo y una botella de Ribeiro.