03 de julio de 2026
alcalorpolitico.com
Por favor, ya no mientan. Una declaró que la maestra Irma Hernández Cruz murió secuestrada en julio del año pasado por un infarto (o que el río Cazones se desbordó levemente), y la otra aseguró que Petróleos Mexicanos no era responsable del derrame que afectó cientos de kilómetros de costas. Las dos ahora niegan que haya desabasto de medicamentos y de materiales en los hospitales de México y de Veracruz. Han mentido no una sino varias veces.
Cualquiera sabe que cuando la presidenta Claudia Sheinbaum o la gobernadora Rocío Nahle van a un lugar – juntas o separadas – encuentran todo en orden, abundante y limpio. Y tanto la presidenta como la gobernadora creen en el engaño: ahí están los estantes llenos de medicinas, de vendas, de batas y sábanas, y los aparatos están funcionando como si fueran nuevos. Pero es un espejismo: no había nada antes de que llegaran en visitas "espontáneas", ni habrá nada poco después de que se vayan por donde habían venido.
Curiosamente, ni la presidenta Sheinbaum – ocupada como está con el Mundial y otros asuntos urgentes – ni la gobernadora Nahle – ocupada en quién sabe qué – han mencionado el hecho de que el IMSS Bienestar entregó batas y sábanas rotas y podridas a la Torre Pediátrica de Veracruz, lo cual es un escándalo y una burla más a quienes pasan por horas difíciles y necesitan apoyo.
La única respuesta que ha habido a la crisis del sector salud en Veracruz es que la señora Nahle va a ordenar que se investigue al director y al administrador del hospital porque "deben de (sic) tener el control y deben de (sic) dar el buen servicio", como si el director del hospital o su administrador hubieran ordenado batas agujereadas y sábanas podridas, y fueran responsables de que no haya medicinas.
Al verdadero responsable, Roberto Ramos Alor, no lo tocan ni con el pétalo de una declaración, aunque fue muy cuestionado por su manejo de la pandemia de Covid, y por la falta crónica de insumos, equipo, y medicamentos oncológicos durante el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez. Su trabajo ahora es "vigilar el correcto funcionamiento, abasto de medicamentos y calidad de atención en las unidades médicas y hospitales", y "evaluar los requerimientos de insumos, mantenimiento, ampliación o reposición de equipo médico".
Ante la realidad de los hospitales de Veracruz y de México, uno se pregunta para qué sirven los funcionarios del sector salud: si son solamente inútiles o si son completamente corruptos, si consiguieron su puesto con el noventa por ciento de lealtad y el diez por ciento de experiencia. Pero es claro que nos han estado mintiendo en dos niveles de gobierno. Y si las de arriba mienten, los de abajo también.
Por ejemplo, Arroyo Florido
Quienes viven en esa comunidad de Coatzintla llevan tres años esperando que Pemex repare los daños causados por un derrame de petróleo. Los habitantes de Arroyo Florido sufren de vómitos, de diarreas, de irritaciones de garganta, molestias en las vías respiratorias y padecimientos en la piel, como documenta la reportera Suhaily Barrón, de alcalorpolítico.com.
Los animales de esas personas han muerto. Las cosechas de esas personas se han arruinado. El agua que beben y la que usan para asearse está irremediablemente contaminada. Y, como dijo el clásico, Pemex se está haciendo pendejo, junto con un sinnúmero de funcionarios mayores y menores. También se están haciendo pendejos – o nos están viendo la cara – los que declaran que por el bien de todos primero son los pobres.
Desde el balcón
Uno sale al balcón de la cocina por la tarde, para evitar el solazo que hace hervir el balcón de la sala, y se pierde en el incesante ir y venir de los vencejos, y ve pasar a los peregrinos. A lo lejos se oye una gaita. No hace mucho, en el otro balcón, uno se sorprendió al oír una voz dulce que cantaba canciones de amor y parecía salir de entre los árboles: era una muchacha mexicana que se había acogido a la sombra y desde ahí celebraba el mediodía.
Pero el gin&tonic también refresca la memoria y la hace saltar medio siglo. En ese entonces, Xalapa era conocida en México y el mundo como la Atenas Veracruzana, por la gran cantidad de actividades culturales que había: conciertos de todo tipo, teatro, ópera, ballet, exhibiciones, presentaciones de libros, cine clubes, conferencias, música callejera, cafés donde uno escribía versos en servilletas.
Al segundo sorbo de ginebra, uno se entera de que el Ayuntamiento xalapeño quería cobrar impuestos a los artistas locales, cuyo trabajo es de amorosa raíz y no buscan ni esperan enriquecerse con lo que hacen. Un impuesto como el que planteó el gobierno de Daniela Griego afectaría a colectivos y a foros independientes, y terminaría por reducir o desaparecer la oferta cultural no oficial de la ciudad.
Al parecer, la gobernadora Rocío Nahle no estuvo de acuerdo con la idea, y el municipio libre dio marcha atrás al proyecto. Pero lo verdaderamente triste es que alguien haya pensado que era buena idea.
Cualquiera sabe que cuando la presidenta Claudia Sheinbaum o la gobernadora Rocío Nahle van a un lugar – juntas o separadas – encuentran todo en orden, abundante y limpio. Y tanto la presidenta como la gobernadora creen en el engaño: ahí están los estantes llenos de medicinas, de vendas, de batas y sábanas, y los aparatos están funcionando como si fueran nuevos. Pero es un espejismo: no había nada antes de que llegaran en visitas "espontáneas", ni habrá nada poco después de que se vayan por donde habían venido.
Curiosamente, ni la presidenta Sheinbaum – ocupada como está con el Mundial y otros asuntos urgentes – ni la gobernadora Nahle – ocupada en quién sabe qué – han mencionado el hecho de que el IMSS Bienestar entregó batas y sábanas rotas y podridas a la Torre Pediátrica de Veracruz, lo cual es un escándalo y una burla más a quienes pasan por horas difíciles y necesitan apoyo.
La única respuesta que ha habido a la crisis del sector salud en Veracruz es que la señora Nahle va a ordenar que se investigue al director y al administrador del hospital porque "deben de (sic) tener el control y deben de (sic) dar el buen servicio", como si el director del hospital o su administrador hubieran ordenado batas agujereadas y sábanas podridas, y fueran responsables de que no haya medicinas.
Al verdadero responsable, Roberto Ramos Alor, no lo tocan ni con el pétalo de una declaración, aunque fue muy cuestionado por su manejo de la pandemia de Covid, y por la falta crónica de insumos, equipo, y medicamentos oncológicos durante el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez. Su trabajo ahora es "vigilar el correcto funcionamiento, abasto de medicamentos y calidad de atención en las unidades médicas y hospitales", y "evaluar los requerimientos de insumos, mantenimiento, ampliación o reposición de equipo médico".
Ante la realidad de los hospitales de Veracruz y de México, uno se pregunta para qué sirven los funcionarios del sector salud: si son solamente inútiles o si son completamente corruptos, si consiguieron su puesto con el noventa por ciento de lealtad y el diez por ciento de experiencia. Pero es claro que nos han estado mintiendo en dos niveles de gobierno. Y si las de arriba mienten, los de abajo también.
Por ejemplo, Arroyo Florido
Quienes viven en esa comunidad de Coatzintla llevan tres años esperando que Pemex repare los daños causados por un derrame de petróleo. Los habitantes de Arroyo Florido sufren de vómitos, de diarreas, de irritaciones de garganta, molestias en las vías respiratorias y padecimientos en la piel, como documenta la reportera Suhaily Barrón, de alcalorpolítico.com.
Los animales de esas personas han muerto. Las cosechas de esas personas se han arruinado. El agua que beben y la que usan para asearse está irremediablemente contaminada. Y, como dijo el clásico, Pemex se está haciendo pendejo, junto con un sinnúmero de funcionarios mayores y menores. También se están haciendo pendejos – o nos están viendo la cara – los que declaran que por el bien de todos primero son los pobres.
Desde el balcón
Uno sale al balcón de la cocina por la tarde, para evitar el solazo que hace hervir el balcón de la sala, y se pierde en el incesante ir y venir de los vencejos, y ve pasar a los peregrinos. A lo lejos se oye una gaita. No hace mucho, en el otro balcón, uno se sorprendió al oír una voz dulce que cantaba canciones de amor y parecía salir de entre los árboles: era una muchacha mexicana que se había acogido a la sombra y desde ahí celebraba el mediodía.
Pero el gin&tonic también refresca la memoria y la hace saltar medio siglo. En ese entonces, Xalapa era conocida en México y el mundo como la Atenas Veracruzana, por la gran cantidad de actividades culturales que había: conciertos de todo tipo, teatro, ópera, ballet, exhibiciones, presentaciones de libros, cine clubes, conferencias, música callejera, cafés donde uno escribía versos en servilletas.
Al segundo sorbo de ginebra, uno se entera de que el Ayuntamiento xalapeño quería cobrar impuestos a los artistas locales, cuyo trabajo es de amorosa raíz y no buscan ni esperan enriquecerse con lo que hacen. Un impuesto como el que planteó el gobierno de Daniela Griego afectaría a colectivos y a foros independientes, y terminaría por reducir o desaparecer la oferta cultural no oficial de la ciudad.
Al parecer, la gobernadora Rocío Nahle no estuvo de acuerdo con la idea, y el municipio libre dio marcha atrás al proyecto. Pero lo verdaderamente triste es que alguien haya pensado que era buena idea.