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Columnas y artículos de opinión
Diario de un reportero
Yo puedo decir lo que he escuchado
Miguel Molina
16 de julio de 2026
alcalorpolitico.com
            Las palabras lo expresan todo: "Yo puedo decir lo que he escuchado en las mesas de seguridad", aseguró por teléfono la gobernadora morenista de Baja California Marina del Pilar Ávila Olmeda a una persona que al parecer era un agente del departamento de Justicia de Estados Unidos. Cuando la grabación de esa llamada salió a la luz, la señora explicó que esa era una conversación privada y que en todo caso se refería a la coordinación institucional en materia de seguridad fronteriza, aunque lo que se dice en las mesas de seguridad es información delicada y confidencial.
            La presidenta Claudia Sheinbaum declaró más tarde que la gobernadora no había hecho nada ilegal. Pero la exoneración presidencial no explica lo que se oye en la grabación: la gobernadora está preocupada por su situación legal en Estados Unidos, y no quiere cruzar la frontera para hablar con ninguna autoridad. Le ofrecen verla en el consulado de Estados Unidos en Tijuana, y rechaza la invitación. "Tal vez en algún hotel" de Tijuana, sugiere.
            Si en vez de morenista Ávila Olmeda fuera de otro partido ya la estarían juzgando por traición a la patria o alguno de esos delitos que ha inventado la cuarta transformación para apabullar a quienes no piensan como les dicen que piensen.
            Si no les gusta, que se vayan
            Y después tenemos a Mitzuko Márquez, secretaria general de Morena en Colima. La señora advirtió en lenguaje pedestre que "todo aquel que no esté feliz en este país debería retirarse de este país, este país es maravilloso, es grandioso, tiene una economía estupenda". La señora mostró de lo que está hecha la cuarta transformación: nadie de la esfera oficial salió a defender sus dichos, y nadie de la esfera oficial condenó su declaración.
            Para la funcionaria morenista, los que deberían irse son "quienes generaron la mayor ola de violencia en el país, frenaron el crecimiento, destruyeron la democracia y devastaron el sistema de salud". No dijo nada sobre la política de dar abrazos en vez de responder a la violencia con balazos, ni sobre los distintos modos en que factores externos han afectado la economía nacional, ni mencionó al inefable Manuel Bartlett – entre otros personajes inefables –, ni se refirió a la estructura de salud de México, que es igual a la de Dinamarca aunque no lo sea.

            En pocas palabras, hay morenistas – y no son pocos – que consideran que el país les pertenece, y no están dispuestos a tolerar a quienes piensen otra cosa. La única visión que vale es la oficial, y al que no le guste que se vaya. Los únicos que vale la pena defender son morenistas ilustres como la gobernadora Ávila, como el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, a un par de senadores, algunos cónsules, y demás fauna que era pecadora hasta que se volvió morena.
            Uno se imagina qué habría pasado si funcionarios priistas o panistas hubieran dicho lo mismo.
            Desde el balcón
            Han sido días marcados por mañanas nubladas, mediodías claros y tardes tibias. Si hay suerte, corre una brisa que casi refresca, y uno se sienta en el balcón, a salvo del impúdico sol de mediodía que tanto molestaba a Borges, toma un sorbo de malta, oye los sonidos de la vida que pasa, y mira una gaviota extraviada que vino tierra adentro siguiendo el río.
            Más allá, lejos, a nueve mil kilómetros del balcón, el discurso oficial está lleno de agujeros que dejan ver cómo se mueve la política mexicana: los asesinatos y las desapariciones se investigarán hasta donde tope, se acabó la impunidad, no hay tratos con los narcotraficantes, no hay corrupción, el sistema de salud está mejor que nunca, el pueblo bueno ama a su gobierno y el que no ama al gobierno no ama a México. Igual que antes.
            Uno bebe otro sorbo de malta. Abajo, en la plaza de la Inmaculada, se prepara una pantalla gigante, y los bares tienen pantallas grandes para que todos puedan ver el futbol. En México se acabó el circo, y la presidenta sigue sin recibir a las madres de los desaparecidos, aunque diga sin pruebas que se ha reunido con algunas de ellas. Algunas no son todas, porque son muchas. Acá la noche cae poco después de las diez y media.

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