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Columnas y artículos de opinión
Diario de un reportero
El dinero de la presidenta
Miguel Molina
13 de agosto de 2026
alcalorpolitico.com
            Da coraje y tristeza, y más tarde risa, y luego otra vez coraje y otra vez tristeza. Esta semana circuló un video de Mario Delgado, quien cobra como secretario de Educación, anunciando "una excelente noticia a todas las familias mexicanas: por primera vez, niñas y niños de primaria reciben la beca Rita Cetina. Son dos mil quinientos pesos para útiles y uniformes escolares, o para un buen libro, que nuestra presidenta Claudia Sheinbaum les manda para que sigan construyendo sus sueños". O algo así, porque el señor no domina bien la gramática.
            Pero la gramática es lo de menos. El dinero de las becas no viene del bolsillo de la presidenta sino del presupuesto de la Nación, y decir lo que dijo el señor Delgado violenta la letra y el espíritu del artículo ciento treinta y cuatro de la Constitución, que prohíbe usar propaganda gubernamental para promover a los servidores públicos. Por supuesto, el secretario aseguró que no hubo delito alguno, y culpó a "los de la derecha (...) que antes se robaban el dinero". Allá él. Pero el dinero no es de la presidenta.
            Y la expresión oral o escrita no es una joya del gobierno.
            Del lenguaje que quiso ser incluyente         
            Aquí tenemos que volver a la gramática y leer – o releer – la convocatoria de la secretaría de Educación para la Olimpiada del Conocimiento Infantil, escrita con el afán de ser políticamente correcta y firmada por la subsecretaria de Educación Básica. El texto, que podría servir como muestra no del lenguaje incluyente sino de la redacción perezosa o ignorante, habla en su primera base "de las niñas, (los) niños y (las y los) adolescentes convocados (y convocadas)".
            También tiene perlas como esta: "De las y los participantes seleccionados (no pusieron seleccionadas porque para qué) para avanzar a la siguiente etapa, al menos la mitad deberán (la mitad deberán) ser niñas y adolescentes mujeres". Y en caso de que sea necesario un desempate, "se tomará como primer criterio la selección (sic) de una niña o (una) adolescente mujer".

            Uno pensaría que se trata de minucias, pero no son minucias. Los dislates gramaticales vuelven confuso el lenguaje, y expresan pobremente las ideas. Hay que pensar con qué cara podrán exigir las autoridades educativas que las infancias (sic) escriban bien y hablen correctamente.
            El triste asunto de la cultura
            El colega Arturo Reyes Isidoro dedica su columna del miércoles al triste asunto de la cultura en Veracruz, y publica un comunicado de la comunidad Democracia Cultural Xalapa. El documento es demoledor, y evidencia que en Veracruz no hay un proyecto cultural que vaya más allá de ofrecer conciertos por los que el gobierno pagó millones (más de cuarenta y cinco millones de pesos) en la reciente actuación de Martin Garrix en el puerto de Veracruz, o pagó conferencias y presentaciones de libros que cuestan un cuarto de millón de pesos, como fue el caso de Sabina Berman.
            Y no hay dinero para actividades de la comunidad artística y cultural del estado. Han gastado en traer a gente de fuera para promover a Veracruz con festivales que no muestran la riqueza de recursos locales y hacen pensar que se invierte en atraer a los jóvenes para ganar sus votos. Mientras tanto, en Perote, los padres de estudiantes de una escuela rural juntaron sus propios recursos para publicar un libro con treinta y tres cuentos escritos por sus hijos y sus hijas, porque ninguna institución los apoyó ni les dio presupuesto. Veracruz, dicen, está de moda.
            La secretaría de Cultura – por llamarla de alguna forma – funciona como oficina de turismo. Vale la pena leer el comunicado de Democracia Cultural Xalapa para darse cuenta de la dimensión de la vaina.
            Desde el balcón

            De pronto hay silencio. Ni aves ni perros ni niños ni los que están en el bar de Boby ni en El Cielo ni en La Gran Manzana se atreven a hacer ruido, porque no tienen idea de que hay un eclipse de sol, o porque saben y no les interesa. Pero callan. Alta en el cielo de las ocho y media de la tarde, la luna pasa frente al sol y cae una luz tristona sobre las casas y las cosas.
            Hay vino Ribeiro y sopla una brisa leve. Y en la luz difusa del eclipse uno se pregunta para qué le sirve al gobierno de Veracruz saber cuántos periodistas hay en el estado, y cuáles son sus datos personales, o lo que sea, y cómo van a proteger esa información. No se sabe. Lo que el discurso oficial manejó como una petición de periodistas terminó siendo la sugerencia de una reportera. Y de ahí para adelante.
         En fin, el eclipse. Una cosa de no creerse, asunto de satélites y estrellas que obliga a pensar en cosas más allá del discurso oficial. Quién sabe qué dirían en La Mañanera sobre el eclipse: vaina neoliberal o logro de la cuarta transformación, según.

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