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Columnas y artículos de opinión
Diario de un reportero
Morena se desmorona
Miguel Molina
19 de febrero de 2026
alcalorpolitico.com
            Morena se desmorona. No pasa semana sin que surja un nuevo escándalo, sin que aparezca una grieta en la estructura del movimiento que quiere ser el único partido en el poder. La semana que pasó vimos dos episodios que ilustran lo que está pasando.
            Uno fue la publicación del libro Ni venganza ni perdón, de Julio Scherer Ibarra – con la coautoría de Jorge Fernández Menéndez –, que revela detalles íntimos de las cosas que vio durante el tiempo en que fue Jefe de la Oficina de la Presidencia. El otro fue la destitución de Marx Arriaga, quien hasta esta semana fue director general de Materiales Educativos de la secretaría de Educación Pública y se encerró en su oficina para protestar por su remoción.
            Lo del libro es serio. La presidenta Claudia Sheinbaum declaró que no lo ha leído ni lo leerá, y descartó que los dichos de Scherer puedan afectar la reputación del gobierno morenista, aunque no sepa bien a bien qué dice el texto. La señora puso en duda las fuentes de Scherer (pese a que lo más probable es que él haya estado más cerca que ella de los pasillos del poder) y descalificó a Fernández Menéndez. Pero descalificar es lo que hace la cuarta transformación.
            Muchos han comentado partes importantes del contenido del libro, sobre todo las que se refieren a Jesús Ramírez Cuevas, experiodista y exvocero presidencial de Andrés Manuel López Obrador y ahora coordinador de asesores de la oficina de la presidencia de Claudia Sheinbaum. Según Scherer, Ramírez Cuevas se benefició económicamente por un decreto presidencial, manipuló las conferencias mañaneras y López Obrador (y a López Obrador mismo), y tenía nexos con Sergio Carmona, un empresario involucrado en el esquema del huachicol fiscal.
            "Si tiene pruebas, que las presente", declaró la presidenta, ignorando que muchas veces se ha usado la mañanera para denunciar a periodistas y empresarios sin prueba alguna. Pero ni la Fiscalía General ni el Congreso ni nadie va a investigar los hechos que denuncia públicamente Scherer, como no se han investigados otras acusaciones más y menos serias contra personajes de la cuarta transformación. Basta la palabra presidencial para lavar a quien sea de cualquier culpa.
            El profeta que no quería irse

            Y está el caso de Marx Arriaga. Sí, el mismo que declaró que leer por goce es un acto de consumo capitalista, el mismo que se echó a cuestas la tarea de fundar la nueva escuela mexicana, una idea que – según él – aplaudieron y aprobaron profesores y padres de familia en todos los estados de la república, porque se trataba de formar estudiantes críticos que puedan hacer lecturas de la realidad.
            El señor llegó a decir que el gobierno federal traiciona el proyecto original de la cuarta transformación y actúa bajo intereses neoliberales y de privatización del sistema educativo. De ese tamaño. Pocos recuerdan que fue el mismo funcionario que convocó a artistas y creadores a aportar gratis sus trabajos a los nuevos libros de texto, porque el solo hecho de que sus obras aparecieran en ellos era un privilegio.
            Arriaga pasó algunos días atrincherado en su oficina hasta que un oficio lo hizo despertar de su sueño. Ningún funcionario de alto nivel es inamovible y mucho menos indispensable, por cercano que esté del expresidente. Pero su actitud revela que hay grupos de morenistas puros que se consideran dueños del movimiento y del gobierno, y de morenistas comunes y corrientes que se conforman con seguir las reglas del juego.
            Las diferencias entre ambos grupos son visibles y van a crecer más a medida que pase el tiempo. Lo interesante es que los escándalos no son producto de la oposición, sino consecuencias de las luchas internas de Morena. Ahora como antes, la izquierda tiene que comenzar a cuidarse de su propia izquierda.
            Desde el balcón
            Han pasado once borrascas desde que uno llegó a vivir en esta esquina del mundo, hace sesenta y seis días, minutos más o menos. La de ahora se llama Pedro (ya vinieron y se fueron Emilia, Francis, Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Nils y Oriana), y se están acabando las letras sin que disminuyan la intensidad de la lluvia ni la furia del viento. Pero no todo está perdido.

            Todos los días hay noticia de que hubo desfile de carnaval en algún lugar cercano. Uno vio videos y fotos de desfiles en que las comparsas marchaban con paraguas celebrando el gusto de estar vivo. Uno sale al balcón de la cocina, mira el muro de las monjas Clarisas, se estremece con las ramas de los árboles que sacude el vendaval, alza la copa de malta, toma un sorbo. La alegría florece bajo la lluvia. Uno sonríe porque no puede hacer otra cosa. Y toma otro sorbo de malta.

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