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Columnas y artículos de opinión

Decepcionados de la democracia

A salto de mata

Por: Gino Raúl De Gasperín Gasperín

15/08/2019

alcalorpolitico.com

En un interesante documento publicado en el periódico El País, Jorge Galindo da cuenta de un fenómeno muy peligroso que poco a poco ha ido acentuándose: la desconfianza o el escepticismo creciente en la democracia como sistema de gobierno, especialmente en los países latinoamericanos.
 
Según los datos del periodista, «Las naciones más pobladas del continente, Brasil y México, albergan en su seno a millones de habitantes que se mueven en el amplio espectro del desencanto. No en vano ambas han elegido recientemente a presidentes dispuestos a atacar consensos e instituciones para consolidar su poder y el de los suyos» (lhttps://elpais.com/internacional/2019/08/01/america/1564676652_297133.html).
Ha sido especialmente en los últimos diez años cuando aumentó este número de los decepcionados de la democracia, llegando ya a ser la mitad de los ciudadanos.
 
Si se pone la mira en qué grupos específicamente ha sido sobresaliente este aumento de escépticos y, si a edades se refiere, son los jóvenes (y estos, los de menor ingreso económico) especialmente los desencantados, y si lo vemos desde el ángulo de los dineros, el grupo predominante de escépticos se encuentra entre los empresarios. Es decir, jóvenes y empresarios encabezan, peligrosamente, los grupos que estarían de acuerdo en probar otra forma de gobierno, lo que pone en riesgo todos los beneficios que, de hecho y por derecho, representa la democracia. Juntos, los decepcionados y los que mantienen una posición tibia alcanza casi el 78%... En el polo opuesto, los más entusiastas convencidos de la democracia disminuyeron del 34 al 22%, 12 puntos porcentuales, que son, en números reales, muchos millones de futuros electores.
 
Este fenómeno se ha visto ya en países como Brasil, en donde los jóvenes, aún dentro del esquema de una democracia aunque sea muy sesgada, eligieron a un presidente de índole autoritaria y fascistoide. Y queda ahora por analizar en detalle lo sucedido esta semana en Argentina.
 
Según los datos del articulista, los porcentajes de quienes se mantienen convencidos de que la democracia sigue siendo la mejor forma de gobierno son: Uruguay (69.39%), Argentina (60.98), Costa Rica (49.66), Venezuela (45.8) y República Dominicana (40.51). Las poblaciones con menores porcentajes de fe en la democracia son: Guatemala (25.44%), Perú (26.93), México (27.23), Paraguay (27.76), Ecuador (29) y El Salvador (29.82). En México, el 15. 54% está «muy en desacuerdo» con que la democracia sea el mejor sistema de gobierno, mientras que el 57.23 tuvo una posición intermedia, dudosa.
 
Por edades, las personas mayores son las que siguen creyendo en esa forma de gobierno (el 55% en mayores de 65 años, probablemente por ser los jóvenes quienes tienen menos experiencias de vivir en regímenes totalitarios). Por ingresos, son los de los más altos quienes alcanzan el mayor porcentaje (42%), aunque son precisamente las clases acomodadas las que más están perdiendo el entusiasmo por la democracia. Por sexo, los hombres son escasa mayoría con 38%, y por entorno, los del medio urbano con el 39%.
 
«Las opiniones de quienes se están desencantando de la democracia nos las podemos figurar: respetan menos esas mismas instituciones, sobre todo los partidos políticos, ven más corruptos entre los líderes que el resto de ciudadanos, y cargan con un cierto sesgo autoritario, conservador». Sin embargo, parece ser que esta propensión al autoritarismo sería solo un mal colateral, no propiamente deseado ni buscando en sí, dado que al mismo tiempo las poblaciones anhelan la prosperidad, el orden y el progreso en su posición.
 
«Estas caídas, dice el articulista, son particularmente alarmantes porque albergan la capacidad de cambiar el punto de encuentro entre oferta y demanda electoral. Las élites económicas cuentan con una mayor capacidad de marcar la agenda y dar forma al futuro de nuestras instituciones. De moldear, en definitiva, la oferta política. Por su parte, los que hoy son jóvenes mañana se convertirán en el centro de la demanda, decidiendo con sus votos si desean un modelo alternativo al de la democracia pluralista».
 
Y el peligro: «El continente tiene amplia experiencia con líderes que ofrecen mejoras para la mayoría a cambio de que la población renuncie al derecho a votar en contra. Videla, Pinochet, Chávez, Fujimori y Castro entre otros tantos hicieron carrera con esta idea. No estaría de más, a la luz de estos datos, refrescar la memoria con lo que acaba sucediendo cuando un dictador promete armonía».
 
Como señaló el escritor Juan Luis Cibrián: la estabilidad democrática la garantiza la solidez de las instituciones frente a los efectos cada vez más extendidos de la demagogia de muchos políticos.
 
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