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Columnas y artículos de opinión

Verdad y democracia vs. Mentira y fraude

A salto de mata

Por: Gino Raúl De Gasperín Gasperín

12/11/2020

alcalorpolitico.com

Hay dos cosas, bueno, tres, en las que muchos estadounidenses creen a pie juntillas y de las que se sienten orgullosos: la verdad, la democracia y la libertad. Esta última se les ha ido yendo de las manos desde aquel fatídico11 de septiembre de 2001, que ha servido a su gobierno para suspender garantías y fiscalizar bienes y personas sin respetar derechos ni privacidad.
 
Según se ve y se lee, últimamente han enfrentado una guerra intestina que ha culminado (aunque algunos esperen lo desesperado) con el triunfo de dos valores que ellos consideran fundamentales y casi definitorios de su identidad: la verdad y la democracia.
 
Para quienes están acostumbrados a no valorar suficientemente ambos y, al parecer, fatídicamente están habituados a vivir en un medio donde la verdad se encubre, se soslaya, se desprecia, se omite, se disfraza, se tuerce y se retuerce hasta suplantarla por un mundo de apariencias, cortinas de humo, conveniencias, «razones de seguridad» y todas esas canalladas, les puede sorprender que, como lo pregonan, los norteamericanos coticen la verdad sobre muchos otros valores.
 
Esta administración (felizmente a punto de concluir infelizmente) ha zarandeado ese valor, lo ha atacado día a día, noticia a noticia, comunicado a comunicado, discurso a discurso, acto tras acto. Los norteamericanos y los observadores de lejos hemos visto cómo, con la mayor desenvoltura y hasta cinismo, a trompadas se desechan los hechos, se enturbian los ojos y los oídos con falsas noticias y se sumerge la verdad en la ciénaga del engaño y la desinformación.
 
Duro golpe, sin duda, primero para los mismos norteamericanos y luego para quienes pensaron que un gobernante jamás mentiría descaradamente para salvaguardar sus propios intereses, y aunque también fuera para afiliar a millones de ciudadanos que, por una u otra razón, estuvieran desencantados de sus gobiernos anteriores. Jamás se pensó que la mentira ondeara soberanamente desde la sede del gobierno y contaminara un país entero.
 
Algo semejante sucede con la democracia que los norteamericanos tienen como bandera. Una y otra vez, por años y más años, se han sentido los modelos de ese sistema hasta llegar a autoproclamarse paladines, policías y jueces de la democracia en el mundo entero. Con ese estandarte han derrocado gobiernos, invadido naciones, sojuzgado pueblos, estropeado movimientos, aplastado sueños. Y ahora, desde la más alta tribuna, un gobernante lanza misiles contra su propio sistema electoral, lo descalifica y arroja al mismo lodazal el otrora baluarte con el que se lavaban la cara de muchos atropellos. Ahora resulta que Estados Unidos, según lo atestigua el comportamiento de su propio presidente, no es un modelo de democracia, sino ejemplo de un sistema electoral corrupto. «Los días siguientes a la elección —escribió Pablo Hiriart en El Financiero—, Donald Trump los destinó a esparcir noticias falsas con mentiras inventadas por él, como la existencia de un fraude que nadie ha visto... Desde la sala de prensa de la Casa Blanca se atacó a científicos, medios de comunicación, periodistas, legisladores, expresidentes, artistas, deportistas, migrantes...».
 
Citando un editorial del The New York Times, agrega: «Trump “ha enfrentado a los estadounidenses entre sí... Es implacable en la denigración de sus oponentes y reacio a condenar la violencia de aquellos que considera aliados. Ha socavado la fe en el gobierno como vehículo para mediar diferencias. Exige lealtad absoluta a los funcionarios del gobierno. Desprecia abiertamente la experiencia. Y ha montado un asalto al Estado de derecho, ejerciendo su autoridad para afianzar su poder y castigar a los oponentes políticos”».
 
«Se acabó —resume Hiriat—. Traumático, con secuelas tan nocivas como la división, el odio, la discordia y la muerte de decenas o cientos de miles de personas que hoy estarían vivas si el presidente hubiera dejado actuar a la ciencia antes que a la política. Punto final a la aventura populista en Estados Unidos. Una mayoría de ciudadanos de este país pudo hacerlo. Por la vía pacífica, la del voto. Y la unión de contrarios por una causa superior». (https://www.elfinanciero.com.mx 09/11/2020)
 
Probablemente, el nuevo presidente dará un giro en muchos sentidos, pero especialmente en los dos valores citados. Probablemente, y así lo deben esperar sus propios conciudadanos y la gente que razona en el mundo entero, la verdad volverá a ser considerada como un valor que esté ordinariamente (no decimos que siempre) por encima de circunstancias que bien pudieran justificar su eventual desplazamiento en cualquier jerarquía de valores. Ningún valor humano es absoluto y ninguno ocupa de por sí la cima, pero no habíamos visto (aun quienes vivimos en un sistema que suele mentir persistentemente), que un gobernante se identificara tan ruinmente con el engaño como en estos últimos años. Sabemos que hasta en eso hay un límite y rebasarlo es intolerable hasta el grado de provocar una vuelta de tuerca en un proceso electoral.
 
Biden ha dicho que en su gobierno luchará por «restaurar el alma» de su país. ¡Y vaya que la encuentra destrozada!
 
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